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Full text of "Jugar por tabla : comedia en tres actos, en verso"

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/< 




Catalogo de las obras dramáticas de la propiedad del Círculo 
Literario Comercial. 



DRAMAS 
EN TRES ó MAS ACTOS. 

El monarca cenobita. 

Miguel el esclavo. 

Soberbia y humildad. 

Cid Rodrigo de Vivar. 

La India. 
N Vida por honra. 

Madrid por dentro. 

Entre el cielo y la tierra. 

Susana. 

La duda. 

Los Hijos de la noche. 

El Capitán Pacheco. 

Hamlet- 

Don Alvaro de Luna. 

El Triunfo del pueblo libre. 

Napoleón en España. 

Kuser ó los bandos de Holanda. 

La Torre del Duero. 

Magdalena. 

La Pasión. 

El Hijo del ciego. 

El Castillo de Ralsain. 

Los Contrabandistas del Pirineo. 

El Puente de Luchana. 

¡Creo en Dios! 

¡Las Jomadas de Julio! 

Pedro Navarro. 

Don Rafael del Riego. 

La Niña del mostrador 

La Mano de Dios. 

Remismunda. 

¡Redención! 

Rioja. 

Mujer y madre. 

El Curioso impertinente. 

La Aventurera. 

La Pastora de los Alpes. 

Felipe el Prudente. 

Dios, mi brazo y mi derecho. 

El Fénix de los ingenios. 

Ricardo III. 

Caridad y recempensa. 

El Donativo del diablo. 

La Hija de las flores. 

El Valor de la mujer. 

La Fuerza de voluntad. 

La Máscara del crimen. 

La Estrella de las Montañas. 
•^La Ley de raza. 



Sancho Ortiz de las Roelas. 

Andrés Chenier. 

Adriana. 

La Ley de represalias. 

El Ramo de rosas. 

Caibar, drama bardo. 
El Trovador, refundido. 

Cristóbal Colon. 

Un Hombre de estado. 

El Primer Girón. 

El Tesorero del Rey. 

El Lirio entre zarzas. 

Isabel la Católica. 

Antonio de Leiva. 

La Reina Sara. 

Ultimas horas de un Rey. 

Don Francisco de Quevedo. 

Juan Bravo el Comunero. 

Diego Corrientes. 

El Bufón del Rey. 

Un Voto y una venganza. 

Bernardo de Saldaña. 

El Cardenal y el ministro. 

Nobleza republicana. 

Doña Juana la Loca. 

El Hijo del diablo. 

Sara. 

Garcia de Paredes. 

Boabdil el chico. 

El Fuego del cielo. 

Un Juramento. 

El Dos de Mayo. 

Roberto el Normando. 



COMEDIAS 
EN TRES ó MAS ACTOS. 



Por ser ella sin ser ella. 
El hijo natural. 
El dinero y la opinión. 
Un hombre importante. 
Quien mas mira menos ve. 
La escala de la vida. 
Unos llevan la fama. 
Las Indias en la corte. 
¡Mejor es creer! 
Los Órganos de Móstoles. 
La Escuela de los ministros. 
El Fondo y la corteza. 
El Tesoro del Diablo. 



La Flor de la maravilla. 

El Agua mansa. 

Un Infierno ó la casa de huésps 

El Duro y el millón. 

El Oro y el oropel. 

El Médico de cámara. 

Un Loco hace ciento. 

La Tierra de promisión. 

La cabra tira al monte. 

Sullivan. 

El Peluquero de Su Alteza. 

La Consola y el espejo. 

El Rábano por las hojas. 

Tres al saco.... 

Un Inglés y un vizcaíno. 

A Zaragoza por locos. 

Los Presupuestos. 

La Condesa de Egmont. 

La Escuela del matrimonio. 

Mercadet. 

Una Aventura de Richelieu. 

Deudas de honor y amistad. 

Merecer para alcanzar. 

Para vencer, querer. 

Los Millonarios. 

Los Cuentos de la reina de Nav. 

El Hermano mayor. 

Los Dos Guzmancs. 

Jugar por tabla. 

Juegos prohibidos. 

Un Clavo saca otro clavo. 

El Marido Duende. 

El Remedio del fastidio. 

El Lunar de la Marquesa. 

La Pensión de Venturita. 

Quién es ella? 

Memorias de Juan Garcia. 

Un enemigo oculto. 

Trampas inocentes. 

La Ceniza en la frente. 

Un Matrimonio á la moda. 

La Voluntad del difunto. 

Caprichos de la fortuna. 

Embajador y Hechicero. 

Mauricio el republicano. 

A quien Dios no le dá hijos...! 

La Nueva Pata de Cabra. 

A un tiempo amor y fortuna. 

El Oflcial'to. 

Ataque y Defensa. 

Ginesilloel aturdido. 



JUGAR POR TABLA. 



COMEDIA EN TRES ACTOS, EN VERSO, 



DÉ 



DON JUAN EUGENIO MROTBÜSCH, 

Y 

DON CAYETANO ROSELL , 

Estrenada en el Teatro Español á 18 de Diciembre de 1850. 
Segunda edieion. 




(Jkd. az8. 



MADRID: 1860. 



IMPRENTA DE CRISTÓBAL GONZÁLEZ, 

Calle de S. Vicente alta. núm. 52. 



Digitized by the Internet Archive 
in 2013 



http://archive.org/details/jugarportablacom25710hart 



Esta obra es propiedad del D. PABLO AVECILLA, quien 
perseguirá ante la ley al que sin su permiso la reimprima, 
varíe el título , ó represente en algún teatro del reino, 
ó en alguna sociedad de las formadas por acciones, suscriciones 
ó cualquiera otra contribución pecuniaria, sea cual fuere su de- 
nominación, con arreglo á lo prevenido en las Reales órdenes 
de 5 de Mayo de 1837, 18 de Abril de 1839, 4 de Marzo de 
i 844 y Ley sobre la propiedad literaria de 4 de Junio de 
1847, relativas á la propiedad de obras dramáticas. 

Se considerarán reimpresos furtivamente todos los ejempla- 
res que carezcan de la contraseña reservada, que distingue á 
los legítimos. 



PERSONAGES. ACTORES. 

FERNANDO don josé valero. 

SOFÍA DOÑA TEODORA LAMADRID. 

CARLOS DON MANUEL OSORIO. 

ISABEL DOÑA BÁRBARA LAMADRID. 

GASPAR DON JOSÉ CALVO. 



La escena es en Villaviciosa de Odón, en casa de Fernando. 



Nota. Esta comedia está formada sobre la que escribió en 
francés el Sr. Emilio Augier, con el título de Gabriela. 



ACTO PRIMERO. 



Sala con puertas en ei fondo y en los cosiados . 

ESCENA PRIMERA. 

FERNANDO, que sale por una puerta lateral. — SOFÍA, sentada y en actitud 
melancólica . 

Fern. Señora doña Sofía 

Melindrano de Aguilar, 

mi cara esposa, que Dios 

bendiga y libre de mal, 

hágame usted el obsequio 

de alzarse de ese sofá, 

y vamos á recibir 

con toda solemnidad 

á la primita Isabel 

y á su marido Gaspar. 
Sofía. Ya están en Villaviciosa? 
Fern. Entrando en el pueblo están: 

desde el terrado lo he visto. 
Sofía. Y yo con descuido tal 

que aim no me vestí! 
Feiln. Si no 

te quieres incomodar, 

yo iré solo á recibirlos. 
Sofía. Sí: tú me disculparás. 
Fern. Bien... Pero aunque andes aquí 

sin sombrero ni gabán, 



RM10? 



6 

bien podrás cuidar un poco 
de tu hija. 

Sofía. Pues qué! Pilar... 

Fern. Al terrado me ha seguido, 
y me ha dicho muy formal 
que, lo que es hoy, ni siquiera 
le ha dado un beso mamá. 

Sofía. Yo... si... 

Fern. Yo le enseño el FIéur¡ 3 

y ella me enseña á bailar: 
enséñale juicio tú 
y aprende jovialidad. 

Sofía. Fernando, me riñes? 

Fern. Oyes? 

Te he reñido yo jamás? 

Sofía. Ni aun para eso me hace caso. 
Ay! tú no me quieres ya. 

Fern. Pobre mujer! Obras son 
amores, dice el refrán. 
Por no hacer caso de tí, 
es decir, por trabajar 
noche y dia, gozas tú 
descanso y comodidad. 
Abogado, ya con una 
clientela regular, 
los pleitos no me permiten 
ser contigo más galán. 
El del ministro de Gracia 
y Justicia, en especial, 
me tiene tan ocupado, 
que no sin dificultad 
he podido conseguir 
escaparme á respirar 
aquí unos dias. Con todo, 
si mi profesión me dá 
malos ratos, dá por ellos 
dinero y celebridad, 
y una posición que muchas 
amigas te envidiarán. 



Berlina en Madrid tenemos ■ 

y casa en este lugar, 

hacemos papel airoso 

en cualquiera sociedad, 

y no debemos sino 

visitas: todo lo cual 

para tí y para mi niña 

(dos niñas en realidad) 

lo he codiciado con ansia 

tierna y amoroso afán. 

Si esto no es querer, sospecho 

que cerca le debe andar, (váse.) 



ESCENA II. 

SOFÍA. 



Vive en esa persuasión, 

ó se está de mi burlando! 

No es eso amor, no, Fernando; 

es codicia, es ambición. 

Dígalo mi corazón, 

que ya del tuyo se extraña, 

porque él ya no le acompaña 

en los afectos que siente. 

Uno de nosotros miente, 

ó sin saberlo se engaña. 

Siete años pasé de esposa 

bendiciendo mi fortuna; 

pero ya mi vida es una 

muerte larga y dolorosa. 

Por qué huyó tan presurosa 

la dicha que amor me dio? 

Cómo es que se convirtió 

en amargura después? 

Quién me hace infeliz? quién es? 



8 
ESCENA IIÍ. 



Carlos. 
Sofía. 
Carlos . 
Sofía. 



Carlos. 



Sofía. 



Carlos. 



Fern. 



CARLOS por la puerta déla calle,— SOFÍA, 

Servidor de usted: soy yo. • 
Carlos! 

Señora,.. 

Pues cómo?.., 

(Aparte.) 

Qué rara casualidad! 

Usted en Villaviciosa! 

No se le esperaba acá 

tan pronto. Qué hay por Madrid? 

Que esta mañana, al pasar 

á casa de ustedes, donde 

no ocurre más novedad, 

allí me estaba esperando 

muy inquieto don Tomás, 

el agente del ministro 

de Gracia y Justicia, el cual 

me dijo que era forzoso 

á don Fernando enviar 

esta carta hoy raismo con 

la mayor celeridad. 

Yo pues, á fuer de pasante 

que estima á su principal, 

tomé un caballo... ,y me vengo... 

para volverme á marchar 

al punto, si usted indica 

ser esa su voluntad. 

No hace usted falta á Fernando 

en Madrid? 

Y estoy demás 
aquí* 



í? 



ESCENA IV. 

FERNANDO.— SOFÍA.— CÁULOS. 

Sofía, Sofía, 
ya tienes en el portal 



9 

á los dos huéspedes. 
Sofía. Cuenta 

con tres, (vase.) 

ESCENA V. 

FERNANDO.— CARLOS. 

Fern. Calle; Voto á san!... 

Carlitos! Pues qué sucede? 
Carlos. Esta carta lo dirá. 
Fern. Leamos. (Abre y lee.) 
Carlos. (Aparte) Ya pude verla. 

Dichosa casualidad! 
Fern. De Su Excelencia. Hola! Bien! 

Convencen al tribunal 

nuestros argumentos. 
Carlos. Yo 

no hice más que formular 

ideas que son de usted 

exclusiva propiedad. 

FERiN. (Leyendo.) 

«Entérese usted, y vea 

si es necesario quizá 

que nos hablemos.» 
Carlos. Encargo 

tengo muy particular 

del agente para hacer 

que vaya usted. 
Fern. (Leyendo.) ((Convendrá, 

dice el agente, si puede 

ser sin incomodidad 

de usted, que dilucidemos 

un artículo esencial.» 

Volver á Madrid ahora 

me descompone mi plan. 
Carlos. Entonces... 
Fern. Veremos.— Carlos, 

amigo mió, un millar 



10 

de gracias por el favor , 

grandísimo de haber... (lc aprieta iamau©.) 



Carlos. 


Ay! 


Fern. 


Le he hecho daño á usted? 


Carlos. 


No es nada. 


Ffrn. 


Perdone usted: sí será, 




cuando usted se queja. 


Carlos. 


Un golpe 




en este brazo... 


Fern. 


En verdad 




que esa manga abulta mucho. 




Vaya! y y° sin reparar... 


Carlos. 


Está el vendaje mal puesto. 




Pero no fué cosa... y va 




muy bien. 


Fern. 


Látigo y espuelas!.. 




Hombre, qué temeridad! 




Casi impedido de un brazo, 




atreverse á cabalgar! 




Le debo reñir á usted. 


Carlos. 


Pero... 


Fern. 


Con severidad. 




Primero por ese golpe, 




que es herida, á no dudar, 




y herida de arma. 


Carlos. 


Señor. . . 


Fern. 


Triunfe la sinceridad, 




Carlos: usted ha tenido 




un lance. 


Carlos. 


No tal. 


Fern. 


Sí tal. 




Por qué ha sido, ó por quién? Vamos. 


Carlos. 


Permítame usted callar. 


Fern. 


No puedo saberlo yo? 


Carlos. 


Oh! no. 


Fern. 


Un amigo leal 




no puede?.. 


Carlos. 


Imposible de 




toda imposibilidad. 



11 



Fern. 


Pues yo, mi querido Carlos, 




lo tengo de averiguar. 


Carlos. 


Por Dios... 


Fern. 


Su padre de usted 




me escribió dias atrás 




pidiendo informes acerca 




de la conducta moral 




de su hijo, y debo instruirle 




de todo. 


Carlos. 


(Aparte.) Oh fatalidad! 


Fern. 


Ei me asegura en su carta 




que sabe por buen canal 




que tiene usted un capricho 




galante, poco ejemplar. 


Carlos. 


(Aparte.) 




Ya se cuenta!.. 


Fern. 


Como estoy 




ocupado por demás, 




no he podido dedicarme 




aún con formalidad 




á ese asunto: sin embargo, 




su tiempo ie llegará. 


Carlos. 


Incurrir puedo en flaquezas 




hijas de mi corta edad; 




pero á mi padre y á usted 




juro que no soy capaz 




ni de acción que me deshonre, 




ni de intento criminal. 


Fern. 


No lo dudo yo, querido. 




Vayase usted á quitar 




esas espuelas ahí 




en mi cuarto... 


Carlos. 


Voy allá. 


Fern. 


Y pásese por la sala 




después, donde ya estarán 




deseando verle... 


Carlos. 


Quiénes? 


Fern. 


Isabel y don Gaspar. 



12 
ESCENA VI. 

GASPAR.— FERNANDO.— CARLOS. 

Gaspar. Presente. (Aparte.) Huy! 

Carlos. (Aparte.) Huf! Beso á usted 

la mano, (váse.) 
Gaspar. Abur, perillán. 

ESCENA VII. 

FERNANDO.— GASPAR. 



Fern. 


Con qué franqueza le tratas! 


Gaspar. 


Necesito yo enseñar 




á ese títere de goma, 




bachiller sentimental, 




que á un sujeto de mi temple 




se le debe respetar. 


Fern. 


Pues qué?. . . 


Gaspar. 


Soy hombre de mundo 


Fern. 


Tú lo dices. 


Gaspar. 


Soy sagaz. 




Siento la yerba crecer. 


Fern. 


Pues, y la luna menguar. 


Gaspar. 


Oyes? Eso déla luna, 




es alusión personal? 


Fern. 


Gaspar, tú vienes... 


Gaspar. 


Echando 




bocanadas de alquitrán. 




Pero soy hombre de mundo: 




no me quiero sofocar. 


Fern. 


Muy bien hecho. Qué te pasa? 


Gaspar. 


Cosa de poca entidad. 




Que la loca de de tu prima 




se deja galantear 




de tu pasante. 


Fern, 


La prueba 



m 

al canto, señor fiscal: 

juxta alegato, et probata 

fallo se pronunciará. 

Pruebas necesito como 

dijo en situación igual 

Ótelo. Tienes diadema 

ó carta que presentar? 
Gaspar. Tengo ojos... 
Fern. De topo. 

Gaspar. Oidos... 

Fern. Sí, de escopeta, que dan 

con una chispita un trueno. 
Gaspar. Tengo en fin mi perspicaz 

discurso... 
Fern. Que se equivoca.,. 

Gaspar. Las menos veces. 
Fern. Las más. 

Gaspar. Es regla de hombre de mundo, 

que si su dulce mitad 

anda triste sin motivo, 

y no se quiere ocupar 

en los quehaceres caseros, 

y busca la soledad, 

y lee coplas y dramas 

y novelas sin cesar... 

FERN. (Aparte.) 

Esta es la vida que lleva 
Sofia. 

Gaspar. Mala señal. 

Fern. Hombre... 

Gaspar. Es así que mi esposa, 

doña Isabel Macanaz, 
canta y rie más alegre 
que martes de carnaval, 
que trabaja la maldita 
lo mismo que un azacán, 
administrando sus bienes 
y los míos , y ademas 
los de Antonia, mi pupila, 



tá 
colegiala en él Real 
convento de las Salesas, 
de que pronto emigrará; 
es así que mi mujer 
busca la publicidad 
en tertulias y paseos, 
y no se le ve pillar 
más impreso que el Diario 
y el Directorio moral. 

Fern. Luego tu mujer te quiere. 

Gaspar. Luego esa mujer falaz 

quiere engañarme de modo 
que no me pueda quejar. 

Fern. Celosos he visto yo; 
pero tan original 
como tú , ninguno. 

Gaspar. Falta 

la cola por desollar. 
En Madrid , siempre que voy 
con ella á tu casa , tras, 
Carlitos ¡unto á Isabel, 
dejando dormir en paz 
tus pedimentos. 

Fern. Pero eso... 

Gaspar. Salis de la capital; 

queda el Carlitos allí, 
y á título de amistad 
con nosotros , y á preteslo 
de llegarse á preguntar 
por tí y por Sofía... 

Fern. Eh? 

Gaspar. No salía el muy truhán 
de mi casa. Nos venimos: 
y él delante. Es singular 
que mirándole yo siempre 
con un jcsto de caimán, 
se empeñe en hacerme objeto 
de su sociabilidad. 

Fern. Pero Isabel... 



15 
Gaspar. Es coqueta, 

y por hacerme rabiar, 
pusiera ella buena cara... 



ESCENA VIII. 

ISABEL del brazo cou CARLOS. —FERNANDO, GASPAR. 
Isabel. Mucho le honra usted. 

GASPAR. (Aparte íi Femando.) Qué tal? 

Por vida!... 

FERN. (Aparte á Gaspar.) 

El hombre de mundo... 

GASPAR. (Aparte á Fernando.) 

(Sí , debe disimular.) 

Mujer... 
Isabel. Marido... 

Gaspar. No tengo 

este lazo desigual? 
Isabel. Está como de tu mano, 

que eres torpe , si los hay. 

(Llega á su marido y le arregla el lazo de la corbata.) 
GASPAR. (Aparte á Isabel.) 

Qué te decia ese necio ? 

ISABEL. (Aparte a Gaspar.) 

Cosa que te ha de admirar. 

Que eres hombre muy amable: 

cuidado si es necedad ! 
Gaspar. Mira... 
Fern. (Aparte a curios.) Usted , amigo , deje, 

por si puede peligrar, 

ver de un médico ese brazo. 
Carlos. Bien. Gracias. Me le verán. 

GASPAR. (Aparte á Isabel.) 

Si otra vez... 
Isabel. (Acabando ei lazo.) No me incomodes, 

ó encomiéndate á san Blas; 

que te ahogo. — Anda con Dios. 
Fern. (Aparte.) ¿ A quién enamorará 



16 

este muchacho? Me ha dado 

bastante que meditar 

mi primo, el hombre de mundo. 

Nada: imperturbabilidad, 

y ojo alerta. 

ESCENA IX. 

SOFÍA.-FERNANDO.- -GASPAR -GARLOS. 

Sofía. Cuando ustedes 

quieran, pueden almorzar. 
Isabel. Yo no. 
Gaspar. Yo tampoco. 

Isabel. Sí: 

tú tienes necesidad. 
Gaspar. Y Carlitos? 
Carlos. No me hallo 

con apetito. 
Isabel. El vendrá. 

Vaya USted... (a Fernando.) y tú. 

Fern. Yo tengo 

apetito? 
Isabel. Sí, voraz. 

Ea, ustedes á engullir, 

nosotras á murmurar. 
Fern. Cúmplase lo que dispone 

Doña Isabel Macanaz. (vansó ios tres.) 

ESCENA X. h 

SOFÍA.— ISABEL, 

Isabel. Solas nos hemos quedado, 
como anhelaba impaciente: 
respóndeme francamente, 
que me tienes con cuidado. 
Érate Madrid molesto, 
y el campo gozar quisiste; 



17 

en Yillaviciosa triste, 

y triste en Madrid, qué es esto? 

Sofía. Desechar quise en ]a calma 
de los campos mi tristeza: 
pero ay! la naturaleza 
no cura males del alma. 
Este sol primaveral, 
este aire apacible, tibio, 
lejos de prestarme alivio, 
me dá congoja mortal. 
Por un ansia devorada 
que nunca experimenté, 
lo que quiero no lo sé; 
lo que me cerca me enfada. 
El arroyo que murmura, 
el verde prado, las llores 
de mi jardín, las labores 
domésticas, la lectura, 
todo me cansa; hallo en todo 
algo que ofenda ó que aflija; 
los cariños de mi hija 
me atemorizan de modo, 
que huyo de ella con espanto 
sin poderlo remediar, 
huyo y me escondo á llorar, 
porque me avergüenza el llanto. 

Isabel. Pues, querídita, la madre 
á quien su hija amedrenta, 
poquísimo, por mi cuenta, 
deberá querer al padre. 

Sofía. Merézcalo. 

Isabel. Te es leal? 

Sofía. Sí. 

Isabel. Gasta mal genio? 

Sofía, No. 

Isabel. Quiere á Pilar? 

Sofía. Más que yo. 

Isabel. Te derrocha tu caudal? 

Sofía. Me le aumenta cada día. 



18 

Isabel. Se ha vuelto avaro de pronto, 
marica, soez ó tonto? 

Sofía. No. 

Isabel. Pues entonces, Sofía, 

qué mas quieres? 

Sofía. Qué? Ternura 

que mi ansiedad satisfaga 
con el cuidado que halaga, 
con el afán que asegura, 
con aquel íntimo ardor, 
aquel victorioso encanto, 
que pudo arrancarme el santo 
juramento de mi amor. 
Sobre el tálamo con gozo 
la cabeza recliné; 
soñé un cielo y desperté, 
y hálleme en un calabozo, 
por cuyos negros rincones 
revolando alborotada 
la espantadiza bandada 
de mis bellas ilusiones, 
al dar contra la escabrosa 
piedra del muro cruel, 
dejaron rotasen él 
sus alas de mariposa. 

Isabel. Pero, hija, tú no sospechas 

cuál es el mundo que habitas: 
lo que niega solicitas, 
y lo que ofrece desechas. 
Haces mal: ciencia muy alta 
nos enseña que conviene 
tomar lo bueno que tiene, 
sin pedir lo que le falta. 
"Veredas hay deliciosas 
en él, y ásperos breñales: 
huyamos de los zarzales, 
caminemos entre rosas; 
que si rigiendo advertida 
tu libre imaginación, 



19 

estimas en lo que son 
el mundo, el hombre y la vida; 
si encerrada con placer 
en el doméstico hogar, 
te dejas aconsejar 
de la razón y el deber; 
tú verás una y mil veces 
que son melindre y quimeras 
la amargura que pondera?, 
el desamor que encareces; 
veras que en tu daño luchas 
cuando con lloro indebido 
te me quejas de un marido, 
que ya le quisieran muchas; 
volverás en tí á la luz 
que Jas verdades abona, 
reconociendo corona 
la que imaginaste cruz, 
- y esclamarás con fervor 
de tu casa en el regalen 
No es este mundo tan malo, 
á falta de otro mejor., 

Sofía. Isabel!.. 

Isabel. Mira el esposo 

que por suerte me ha cabido: 
sobre ser poco entendido, 
el pobre diablo es celoso; 
y tan oportuno sesgo 
siempre á sus recelos dio, 
que solo de mí fió 
cierta vez, que fué con riesgo. 

Sofía. Cómo?.. 

I:abel. Nada, una tormenta 

que no trajo más que ruido: 
ya lo sabrás. — Mi marido 
me consume y se impacienta 
sin asomo de razón, 
que es cosa en verdad que hiere; 
pero al fin y al cabo, él quiere 



20 

á su mujer con pasión: 
y el día que de su injusto 
proceder se desengaña, 
sabe darse buena maña 
para que olvide el disgusto. 
Por esto pues, yo que ciño 
á mi Gaspar mis anhelos,' 
me divierto con sus celos 
y gozo con su cariño; 
y el constante buen humor 
que mi conciencia me cria, 
reviste de poesía 
mi almohadilla y bastidor; 
mis camelias y mis aves 
me hechizan; y, sin enfado, 
vigilo á mi apoderado 
y observo al ama de llaves. 
Toma cuentas á tu pecho, 
sigue las pisadas mias, 
y no pidas gollerías, 
tal vez con poco derecho: 
Sofía. Con poco derecho?... 

ÍSABEL. Sí. 

Anda como tú tu esposo 

melancólico y bilioso 

y descontento de tí? 
Sofía. No á fé. Dichoso mortal! 

A él todo le dá alegría : 

yo creo que se extasía 

con el código penal. 
Isabel. Vé ahí descubierto el bú 

que en tu alma yace escondido : 

no culpes á tu marido: 

la culpa la tienes tú. 
Sofía. Él solo en sus leyes piensa, 

no en mí, que soy tan amante... 
Isabel. De Fernando, ó del pasante? 
Sofía. Quién? Yo de Carlos?... Qué ofensa! 

Pura amistad le consagro, 



21 

nada más. 
Isabel. No ? Pues yo advierto 

que él bien te quiere... 
Sofía. ¡ AIi ! 

Isabel. Por cierto 

que me achacan el milagro. 
Sofía. Y bien... qué debo hacer yo? 
Isabel. Mujer, eso me preguntas? 

Las dos siempre andamos juntas: 

ahuyéntale, y se acabó. 

Gaspar verá claramente 

que ese hombre nunca me quiso, 

y evitas un compromiso 

cruel, y quizá inminente. 
Sofía. Compromiso ! Cuál? 
Isabel. Repara 

que es buen chico. 
Sofía. Eh? 

Isabel. Y elegante. 

Sofía. Lo necesita bastante. 
Isabel. Y muy gracioso de cara. 
Sofía. Batí!* 
Isabel. Tiene ademas talento 

nada vulgar. 
Sofía. Puede ser; 

mas no se lo echo de ver. 
Isabel. Le desluces , y lo siento 

mucho , porque se me antoja 

que es encubrir tu afición. 
Sofía. Isabel , es aprensión 

tuya. 
Isabel. Bien: aquí la hoja 

se doble ; per» , querida, 

por la Virgen , que no trates 

de aventurarte á combates, 

que exponen á ser vencida. 
Sofía, Ya, precaviendo tragedias, 

ha tiempo que sé evitarlos, 

y hasta los evita Carlos, 



22 

que es hombre de honor... 
Isabel. A medias. 

El que llega á codiciar 
lo ageno , y halla ocasión 
bien puede no ser ladrón, 
pero harto le ha de costar. 

ESCENA X. 



FERNANDO.— GASPAR.— SOFÍA.— ISABEL 



Gaspar. 
Isabel. 
Fern. 



Isabel. 
Gaspar. 



Sofía. 



Fern. 



Sofía. 
Fern. 



Hétenos aquí. 

Tan pronto ! 
Privados de compañía 
tan grata , no hay apetito 
que diez minutos resista. 
Y Carlos? 

(Aparte.) Eli ! ya pregunta 
por él.) Carlos pensaría 
que no debieran echarle 
de menos con tanta prisa, 
y obedeciendo á Fernando, 
que gs tenaz si se encapricha, 
salió a pedir un informe 
al matador de la villa. 
De la carta que te trajo 
no me has dicho todavía 
nada. 

Me escribe el ministro 
que para darme noticias 
que importan , vaya á comer 
con él esta noche misma. 
Y piensas ir? 

Si estuviera 
solo contigo, no iria; 
pero encontrándose en casa 
Gaspar con Isabelita, 
los dos suplirán mi ausencia, 
que no pasará de un día. 



'10 

Isabel. Supongo que irá contigo 

Carlos. 
Fern. Te equivocas, prima: 

no hay carruaje, y á caballo 

no quiero yo que me siga. 
Isabel. Seguirte? Corre ese chico 

más de lo que. tú imaginas. 
Sofía. A caballo vino. 
Fern. Bueno: 

pues basta con la venida. 
Sofía. No lo entiendo. 
Isabel. Yo tampoco. 

Gaspar. Pronto sabréis el enigma. 

ESCENA XI. 

CARLOS, coa dos ramos de flores.— FERNANDO.— SOFÍA.— ISA- 
BEL.— GASPAR. 

Carlos. Señores... 

Fern. Qué dice el médico? 

Carlos. El médico está en Boadilla: 

no le he visto; su mujer, 

que se dá por muy amiga 

de las señoras, con estos 

dos ramilletes me euvia. 
Sofía. Y se ha incomodado usted!... 
Carlos. La carga no es excesiva. 

Tome usted el uno. (a haiei.) 
Gaspar. (Aparte.) Ya: 

mi mujer la primerita. 
Carlos. Y este para usted. 

(üá el otro ramillete á Sofia.) 

Isabel. Quedamos 

altamente agradecidas 



al mandadero. 
Gaspar. (Aparte á ¿i.) Fernando, 
quiero hacer una pesquisa 
en que has de ayudarme, 



24 

Feo. Como? 

Gaspar. Diciendo Jo de la herida, 

porque si ella no lo sabe, 
quizá produzca una riña. 

FeRN. Si te empeñas... (Hablando bajo.) 

Sofía. Esta ros i 

vale más que cuantas cria • 

mi jardín, (a isabei.) La quieres? 
Isabel . Sí, 

es muy hermosa. 

(La loma, y la deja caer, dando un grito: Carlos la al¿a del suelo.) 

A y maldita! 
Sofía. Qué lia sido? 
Isabel. Que me ha clavado 

las uñas. 
Carlos. Si es tan arisca, 

yo me quedaré con ella. 
Gaspar. (Aparte.) Ya se andan con florecitas 

delante de mí. (patea.) 
Fern. Qué tienes? 

Gaspar. Se me duerme esta rodilla. 

Hum!... 
Isabel, (a cirios.) Me hace usted el favor?... 
Carlos . Fuera hacer muy poca estima 

de mi suerte; fuera ser 

cortés con descortesía. 

El descuido de una dama 

es un favor sin malicia, 

y al que no los aprovecha, 

de mal caballero tildan. 
Gaspar. (Aparte.) Habrá maulon! 
Isabel. Yo no entiendo 

libros de caballerías, 

quiero mi rosa. 
Sofía. (Dándola otra.) Toma esta. 
Fern. Perfectamente, Sofía: 

con eso habrá paz. 
Isabel. A costa 

de su ramillete, 



<>5 



Gaspar. 



Carlos. 



Gaspar. 
Fern. 

Sofía . 

Fer.x. 

Carlos. 
Isabel. 



Fern. 

ISABEL. 



Gaspar. 



Carlos. 

Isabel. 
Sofía. 
Carlos. 
Fern. 



Linda 



proeza ! [escamotear 
una rosa ! 

Yo sabría 
sacarla de entre las garras 
de fieras enfurecidas, 
como Ponce de León 
el guante de su querida. 
Pero arriesgan el pellejo 
los mozal vetes del dia. 
Si es alusión á Garlitos, 
rechazarla me precisa. 
Poco hace que se batió. 

(Aparte.) Cielo ! 



Este brazo lo diga. 

(Aparte á Gaspar.) 

Ya te he servido. 

(Aparte.) Oil DÍOS ! 

Ya. 
Por eso era la visita 
al médico. 

Sí. 

Por eso 
no va contigo, y le cuidas, 
haces bien. 

El duelo fué 
por alguna señorita: 
eso desde luego. 

Sí; 
por mi hermana. 

Pobre niña! 
Con que ha venido á esta tierra? 
Aun vive en Andalucía. 
Puede uno en Madrid batirse 
por dama que esté en Manila. 
Desdice un poct del hombre 
cuyo ejercicio le obliga 
á cursar los tribunales 
en demanda de justicia, 



26 

desdice mi poco el andar 

echándola de duelista; 

pero en haciéndose moda, 

quién de la moda se libra? 

En fin , usted no dará 

lugar á nueva filípica. 
Carlos. Harto siento merecerla. 
Isabel. Y más acaso el oiría 

en presencia de quien odia 

semejantes valentías. 
Gaspar, (Aparte.) Por si lo dice. Qué audacia ! 
Fern. Aquí estamos en familia. 
Sofía. Bueno es saber la verdad, 

aunque sorprenda y aflija \ 
Carlos. Oh! (Aparte.) 
Sofía. (a Isabel.) Quieres ver mi jardín? 

ISABLA. Sí. 

FERN. YamOS. ('Dfi el bra/.o á Isabel.) 

Gaspar. (Aparte.) Por si se arrima 

el otro...) Tengo que hablaros 

á IOS doS. (Toma e! otro brazo á su mujer.) 
(Aparte.) Ya está ({116 tl'itUl 

con él. Lo que vale ser 
hombre de mundo y de chispa! 

(vánse Fernando y Gaspar , llevando en medio á Isabel.) 

ESCENA XII. 
SOFÍA..— CARLOS. 



Carlos. Hágame usted el favor 

de oir el triste accidente 

que ha dado... 
Sofía. Inmediatamente 

vuélvame usted esa llor. 
Carlos. También usted rigorosa 

conmigo! Creyó también 

usted?... 
Sofía. jNo parece bien 



sino cu mi mano esa rosa: 
donde está , diera ocasión 
á interpretaciones varias, 
á mi decoro contrarias 
y ajenas de mi intención. 



Carlos. 


En poder de usted ó inio, 
solo significará... 




Sofía. 


Otras á usted le dará 
la dama del desafio. 




Carlos. 


No espero mucha merced 
cuando, conmigo en quereHa, 
no me oye... 




Sofía. 


Pues... quién es ella? 
por quién ha reñido usted? 




Carlos. 


Por aquella á quien la palma 
de mi te tímido postro, 
ángel de belleza en r ostro, 
ángel de virtud, en alma. 
De mi reposo enemigo, 
movióse contra ella un labio: 
secreto pasó el agravio, 
secreto llevó el castigo; 
funesta casualidad 
el secreto reveló. 




Sofía. 


Esa herida... es grave? 




Carlos. 


No: 
ya no hay cuidado. 




Sofía. 


Es verdad? 




Carlos. 


Lo es. En ün, yo no debí 
tomar esta flor: la entrego. 




Sofía. 


Arrójela usted al fuego. 




Carlos. 


Bien: harto fuegO hay aquí (Guarda la rusa en el 


pecho.) 


Sofía. 


Decláreme usted ahora 

qué agravio fué el que vengó. 




Carlos. 


A qué? Ya se desmintió 
la lengua murmuradora. 




Sofía. 


Yo he de saber lo que fué. 




Carlos. 


Y yo lo debo callar. 




Sofía. 


Es tan amargo pesar? 





28 
Carlos. Yo con terror lo escuché 

y- 

Sofía. Con terror? 

Carlos. Y con ira, 

y suena mal en mi boea. 
Sofía. Quiere usted volverme loca? 

Por Dios, qué fué? 
Carlos. Una meutira. 

Sofía. Qué mentira? 
Carlos. Un atrevido 

sospechó... 
Sofía. Qué sospechó? 

Carlos. Qué amaba... que amaba yo,.. 

y amaba correspondido. 

SOFÍA. Ah! (Cúbrese el rostro y rompe en sollozos.) 

Carlos. Yo espantado y furioso 

le quise quitar la vida. 
Fué pena bien merecida 
la pena del mentiroso? 
Yo temblé cuando le herí. 

SOFÍA. (Aparte.) 

(Oh! qué martirio cruel! 
Bien lo predijo Isabel!) 
Carlos! qué hará usted por mí? 

Carlos. Señora, yo sé arriesgar 
mi vida, sé padecer: 
todo lo puede ofrecer 
el hombre que sabe amar. 
Diga usted, ordene, exija... 

Sofía. Carlos, un ángel me advierte 
mi estravío: angustia fuerte 
me da el beso de mi hija; 
cuando á usted le da mi esposo 
la mano, qué esperimenta? 

Carlos. El bochorno de la afrenta, 
remordimiento horroroso. 
Pero ahora, este placer, 
por qué se ha de acibarar? 

Sofía. Ay! es preciso acabar 



29 





de sufrir y de temer. 






Corremos á des abismos, 






y es tiempo ya de pararnos: 
debemos reconciliarnos 






los dos con nosotros mismos. 
No tendrá usted fortaleza, 




Carlos. 


Carlos, para resolverse... 
A qué, Sofía? 




Sofía. 


A volverse 
con sus padres a Baeza? 




Carlos. 


Ah! qué es lo que prometí! 
Sofía, piedad reclamo. 




Sofía. 


Le diré á usted que le amo. 




Carlos. 


Iré, Sofía, iré allí! 




Sofía. 


(Aparte.) 

Honor, satisfecbo estás. 




Carlos». 


Sol bello, cuya luz sigo, 




Sofía. 


lleve yo tu amor conmigo; 
nada importa lo demás. 
Quisiera que la partida 
fuese mañana. 




Carlos. 


Que sea. 




Sofía. 
Carlos. 


Bien, Carlos! (Le da la mano y él se 

Ah! Gracias. 


la besa.) 


Sofía. 


Ea, 
basta. 




Carlos. 
Sofía. 


Ídolo de mi vida! 
Olvídeme usted. 




Carlos. 


Terrible 
por demás es la sentencia. 
Bastante aflige la ausencia: 




Sofía. 


no exija usted lo imposible. 
Esto conviene á los dos. 




Carlos 


Ya que mi ventura pierdo, 
salve siquiera el recuerdo. 
No es mucho. 





Sofía. 



Cario* 



Ad¡OS. (\á>e.j 



50 
ESCENA XIIÍ. 

CARLOS, sacando del pecho la rosa.) 

Flor, gala de tu vergel, 
ílor, que mi bien á mis ojos 
acercó á sus labios rojos 
envidiados del clavel, 
tú, tú la prenda serás 
que eternice en mi memoria 
este momento de gloria 
que yo no esperé jamás. 
Qué de veces me has de ver 
sobre tu cáliz llorando! 

Cielos! (Huye por la puerta lateral.) 

ESCENA XIV. 

GASPAR. 

Estaba besando 
la rosa de mi mujer! 
Ya se me apuró el a guante: 
mañana de madrugada 
!e paso de una estocada 
los hígados al pasante. 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



ACTO SEGUNDO. 



iisma cíéeorácion. 



ESCENA PRIMBRA. 



ISABEL.— GASPAR. 

Isabel. Hal)Iarás al fin! 

Gaspar. (Mirando á todos lados.) Chiton! 

Isabel. Pero se podrá saber? 

(i ASPAR. (Acercando un sillón y mostrando» do a su ninjor con aire de autoridad, 
pero rjdículo.) 

Siéntate. Voy á tener, 
contigo una explicación. 

ISABEL. (Sentándose.) 

Lograrás darme recelos. 
Qué tienes? 
Gaspar. Vas á escucharme. 

(Coge otro sillón, le coloca en frente del de Isabel, se sienta y la mi- 
ra de Lito en hito sin hablar una palabra. Ella hace lo mismo, hasta 
que después de una grande pausa, Gaspar estalla en cólera.) 

Y aun te atreves á mirarme? 

ISABEL. (Soltando la carcajada.) 

Ja, ja! ya caigo: son celos. 
Gaspar. Te ríes? Hay tal audacia? 

Guando estoy echando lumbre... 
Isabel. Ya sabes que es mi costumbre 

siempre que das en tal gracia. 



52 

Gaspar. Mira, Isabel, si me irrito... 

Isabel. Harás mal , que hace calor. 

Gaspar. Con que tú me tomas por... 

Isabel. Por un babieca, clarito; 

que con el continuo espanto 
dé tu celosa manía 
acabarás en un día 
con la paciencia de un sanio. 
Y si yo no sucumbí, 
es que, para consolarme, 
en vez de desesperarme 
di... 

Gaspar. En qué? 

Isabel. En reírme de tí. 

Gaspar. Mira, Isabel, lo que dice*;. 
Piensas tú que no reparo ? 

Isabel. Si en tu vida has visto claro 
mas allá de tus narices: 
y en el sempiterno artículo 
de tu celoso desvelo 
estás cada vez mas lelo, 
y cada vez mas ridiculo. 

Gaspar. Señora!... Mas no me engañas, 
no, con tus burlas arteras; 
porque lo que tú quisieras, 
pues, era hacerme á tus manas: 
y porque á ti te está bien 
que yo cierre ojos y oidos 
como uno de esos maridos 
que á todo dicen amén; 
y que en los lances mas críticos, 
con estúpida paciencia, 
se muestran á la evidencia 
sordos, ciegos, paralíticos. 
Pero yo no me confundo 
con gente tan balad í, 
y para engañarme á mí 
es preciso... 

Isabel. 01»! mucho mundo: 



35 

pues, quién lo duda? 
Gaspar. Mi enojo 

puedo apenas reprimir. 

Te burlas? Eso es decir!... 
Isabel, interprétalo á tu antojo. 
Gaspar. Tú piensas que estoy en bábia 

cuando las alcanzo al vuelo. 

Las pagará ese trastuelo: 

me le lie de comer de rabia. 
Isabel. Pero á quién? 
Gaspar. Quieres ahora 

que te regale el oido? 
Isabel, (con burla.) 

Quiero saber quién rendido 

se abrasa por mí. 
Gaspar. Traidora! 

Deja que yo le refresque. 

No hay nada que se me escape: 

ni sonrisa que no atrape, 

ni seña que yo no pesque. 



Isabel. 



Gaspar. 

Isabel. 
Gaspar. 

Isabel. 



con tu vil cómplice vi: 
bien os burlabais de mí; 
si callé fué... por prudencia. 
No tragué, no, la engañosa 
treta que inventó tu afán 
para dar á tu galán 
en mis barbas una rosa. 

(Turbada.) 

Ah! Silencio! (Aparte.) (Si se halla 
cerca Sofía...! 

Te vendes ! 
Parece que ya me entiendes. 
Bien, y qué? Déjame y calla. 

(Furioso.) 

Cómo! á mí !... 

Tu ira desprecio. 
Cuando me harten tus sandeces, 
te haré ver como otras veces... 



34 



Gaspar. 


El qué? Di. 


Isabel. 


Que eres un necio 




y que estás en un error. 


Gaspar. 


La prueba!... Algún enredijo. 




Quiero ser necio: lo exijo, 




La prueba ! 


Isabel. 


No estoy de humor. 


Gaspar. 


Así respondes? 


Isabel. 


Así. 


Gaspar. 


Por Cristo!... yo te haré ver... 


Isabel. 


(Señalando al foro.) 




Silencio! ó vamos á ser 




cuatro á reimos de tí. 


Gaspar. 


Oh! si no fuera por ellos... 


Isabel. 


Eh! ya basta, que aquí están. 


Gaspar. 


(Mirando.) 



Y también viene el galán... 
Se me erizan los cabellos! 



ESCENA II. 



FERNANDO.— SOFÍA.— CARLOS.— ISABEL—GASPAR.— l * 

tres primeros vienen hablando alio con mucha animación, y al pronto no reparan 
en Gaspar ú Isabel.) 



Fern. 

Sofía. 

Carlos. 

Fern. 

Cáplos. 

Fern. 



Isabel, 
Fern. 



No me lográis persuadir. 
Digo que es una locura. 
Mas si su padre le apura... 
Cierto. 

Dejarle decir. 
Su voluntad... 

Patarata. 
Aquí los primeros están, 
y veréis cómo me dan 
la razón. 

De qué se trata? 
De quitar de la cabeza 
á Carlitos la manía 



55 
de marcharse á Andalucía, 
y sepultarse en Baeza. 

Isabel. Como? para siempre? 

Carlos. Sí. 

ISABEL. (Aparte mirando a Sofía.) 

Ah! ya caigo. 
Fern. Es aprensión 

meterse en un Jugaron... 

CARLOS. (Con intención mirando ú Sofía,) 

Mi padre lo manda así. 
Sofía. (lo mismo.) 

Cierto: y él tiene derecho... 
Fern. Yo sostengo que es injusto. 
Carlos, (id.) Yo parto por darle gusto. 
Gaspar. Muy bien dicho. 
Isabel Muy bien hecho. 

GASPAR. (Asombrado miraiv'o á su mujer.) 

Eh? 

FERN. TÚ... (Con sorpresa.) 

Carlos. Señor clon Fernando, 

todos son de un parecer. 

Gaspar. Todos! Hasta mi mujer! 

(Aparte.) Si habré yo estado soñando? 

Fern. (Aparte.) Habrá aquí alguna tramoya, 
ó es solo una obcecación? 

(A Carlos.) 

Sepamos en qué razón 

su padre de usted se apoya. 

CARLOS. (Turbado.) 

Razones... 
Isabel, (vivamente.) Serán acaso 

de familia. 
Carlos, («¡-.-ando á Sofía.) Es un acuerdo... 

Dicen que aquí el tiempo pierdo, 

sin adelantar un paso. 
Fern. Y es eso solo? Divino! 

pues la cuestión se acabó. 

Justamente hoy pienso yo 

lograr para usté un destino. 



56 

Para un asunto importante 
i hoy como con su Excelencia, 

y ya le hablé en otra audiencia 

sobre una plaza vacante. 

Llevo el decreto extendido... 

Si su palabra confirma, 

hablo, lo sube á la firma, 

y es asunto concluido. 
Sofía. (Aparte.) Ah! (auo.) Pero... 
Isabel. (Aparte.) Qué obstinación! 

Marido al fin. 
Gaspar. (Mirándola.) Eh? 

CARLOS. (A Fernando.) Coil todo... 

Fern. Nada, nada... y de este modo 
ya se halla usté en posición 
de aspirar pronto á la mano 
de alguna rica heredera. 

Isabel. (Aparte.) Ah! bien. 

Gaspar. (Aparte observándola.) Mi mujer se altera. 

FERN. (a Gaspar.) 

No es buen medio? 
Gaspar. Soberano! 

Sublime! (a Carlos.) Cásese usted! 



O 



Carlos. 


Yo... 


Fern. 


No hay vida más pacífica. 


Gaspar. 


Oh! Sí por cierto, es magnífica. 




(Aparte.) 




Al menos me vengaré! 


Carlos. 


El matrimonio me agovia. 


Fern. 


Bah! Si hay paz y buena renta... 




Pero ahora caigo en la cuenta: 




también tenemos ya novia. 


Isabel. 


Ya? 


Fern. 


Y digo que no es mal lote. 


Carlos. 


Será fea, tonta ó rara. 


Fern. 


No por cierto: buena cara, 




y más de un millón de dote. 


Isabel. 


Pero, quién es? 


Gaspar. 


Acabemos. 



37 



Fern. 


(a Gaspar.) 




Tu pupila. 


Gaspar. 


Ah! 


Fern. 


(a Gaspar.) Buena boda. 




No es cierto? A tí te acomoda. 


Sofía. 


(Aparte.) 




Cielos! 


Gaspar. 


A mí... ya hablaremos. 


Fern. 


Cómo! 


Isabel. 


Primero es saber... 


Gaspar. 


(Aparte, y mirando furioso á Isabel.) 




Ya se opone! ciego estoy. 


Fern. 


(A Gaspar.) 




Se la niegas? 


Gaspar. 


(con decisión.) Se la doy. 




(Aparte.) 




Y que rabie mi mujer. 


Fern. 


(üando la mano á Carlos.) 




Con que es hecho? 


Carlos. 


(Retirándola.) No en verdad 




Yo agradezco tanto honor; 




pero antes fuera mejor 




consultar mi voluntad. 


Fern. 


Despreciar asi un partido 




tan brillante... 


Carlos. 


Sí, pretiero 




por ahora vivir soltero. 


Fern. 


Pero, hombre... 


Carlos. 


(con resolución.) Lo he decidido. 


Fern. 


Pues vuelvo á mi presunción: 




á usté otro amor le encadena. 


Gaspar. 


(Aparte.) 




Pues! mi mujer... esa hiena... 




La sacrifica un millón! 


Fern. 


(A Carlos.) 




Para mí ya es evidencia. 


Carlos. 


Le juro á usté que no hay nada. 


Fern. 


Será una mujer casada, 




y niega usted,., por prudencia. 



58 
Parece que hoy solo es eso 
lo que en amor satisface... 
Mas renunciar á ese enlace 
es ya querer con exceso. 
Carlos, mire usted y aprecie 
su bien: no es acción muy cuerda 
que usted su fortuna pierda 
por amores de esa especie. 

Sofía, (Apara.) 

Cuánto sufro! 

Carlos. No consiento... 

Fern. Se que le puede a usté herir; 
pero yo le he de decir 
como amigo lo que siento. 
Si en su amor no hay egoísmo, 
como el bien de usted prefiera, 
ella será la primera 
que le aconseje lo mismo. 
Ni el esfuerzo es tan jigante 
como á usted parecerá; 
que sin duda no será 
usted su primer amante. 

Sofía. (Apañe.) 

Oh! qué vergüenza! 

Gaspar. (Apaiü.) Yo sudo! 

CARLOS. (Con impaciencia.) 

Señor don Fernando! 
Fern. > Eli! calma. 

Usted debe hablarla al alma, 
y cederá, no lo dudo. 
Sino es falsa su pasión, 
si no la corrompe el vicio, 
comprenderá el sacrificio 
que exije suposición. 

ISABEL, (Mirando a Sofía.) 

Oh! sin duda... 
Gaspar. (Aparte furioso.) Qué cinismo! 

Traidora! El furor me abrasa. 
Fernando, ven.. 9 



59 
Fern. Qué te pasa? 

Gaspar. Tengo que hablarte ahora mismo. 
Fern. Pero al instante ? 
Gaspar. Sí, al punto. 

Fern. Vamos, (a cúi ios.) Arriba dejé... 

CARLOS. Sí, Unas Cartas. (Aparte mirando ¡1 Sofía.) 

Volveré. 
Fern. (a Carlos.) Ya hablaremos del asunto. 

(se van Fernando y Gaspar por un lado y Carlos por otru.) 

ESCENA III. 

ISABEL.— SOFÍA. 



ISABEL, (Acercándose á Sofía y señalando la puerta por donde Carlos 
ha desaparecido.) 

Sabe que es amado? 

SOFÍA. (Ocultando el rostro entre las manos.) 

Oh! 



Isabel. 


Qué has hecho ? 


Sofía. 


Pero se ausenta 




para siempre. 


Isabel. 


Y le has creído? 


Sofía. 


A otro precio no supiera 




nunca , no , ia desdichada 




pasión que mi pecho encierra. 


Isabel. 


Ay ! á cuántas han perdido 




tan engañosas promesas ! 




Cuántas que en ellas liaron, 




hoy su deshonra lamentan ! 


Sofía. 


Me haces temblar. 


Isabel. 


Haz que Carlos 




en esa boda consienta. 


Sofía. 


Isabel! Acaso juzgas 




ya tan grande mi flaqueza, 




que al precipicio ni3 arrastra, 




si ese obstáculo no encuentra ? 




Aun sé vencerme. 


Isabel. 


Ha sabido 



40 

callar tu pasión tu lengua? 

Sofía. Cruel ! 

Isabel. Perdona , perdona, 

si te hablo con tal dureza; 
mas ¡o primero es salvarte. 

Sofía. Pero si él de aquí se aleja. 

Isabel. Puede volver... y aunque no, 
si cumple íiel su promesa, 
tanto peor : por tí renuncia 
á esa boda, á su carrera, 
y tú habrás sido la causa 
de su perdición completa. 

Sofía. Ah! dices bien. Y que no 
se me ocurriese esta idea! 
Sí, le hablaré... Pero... cómo 
persuadirle á que consienta? 
Ay ! en ese triste enlace 
sin mí la dicha le espera... 
No importa! Sea él dichoso... 
Pero qué haré si se niega? 

Isabel. El cederá si tú sabes 

demostrarle indiferencia, 
frialdad... 

Sofía. Nunca! imposible! 

Isabel. Prefieres ver su miseria 

y su ruina , ó que se quede 
libre en Madrid y te pierda ? 

Sofía. Ah! eso no. Sea él feliz: 
el cielo me dará fuerzas. 

Isabel. Ea , valor. Aquí está. 

Yo daré pronto la vuelta . (vise.) 

ESCENA IV. 

SOFÍA. —Después CARLOS. 



Sofía. Valor , se acerca la prueba: 
finjamos, ya que es preciso. 



41 

CARLOS. (Saliendo con cierta marcialidad.) 

Me alegro hallarla á usted sola . 
Sofía. Yo también me felicito: 
con eso me aclarará 
un enigma, un logogrifo 
que no he podido entender. 

CARLOS. (Con asombro.) 

Qué lenguaje! No adivino... 
Sofía. Pero tome usted asiento: 

anda usted asombradizo. 
Carlos. No entiendo, (sentándose.) 
Sofía. Dígame usted 

si ha recobrado su juicio. 
Carlos. Esa pregunta, Sofía... 
Sofía. No vá fuera de camino. 

Gracia, juventud, belleza 

y un millón en efectivo 

le tienden á usted los brazos, 

y usted los desdeña arisco. 

Quién tal hace, da sin duda 

de poca razón indicios. 
Carlos. Qué oigo! Y usted me aconseja?., 

Usted, Sofía?.. 
Sofía. Lo mismo 

que todo el mundo: que debe 

casarse. 
Carlos. Sueño ó deliro? 

Casarme! 
Sofía. Qué tiene usted? 

Me va usted á hacer añicos 

ia silla. 
Carlos. Basta de burlas, 

que son para mí un suplicio. 
Sofía. Burlas? No tal... Ni comprendo 

esa exaltación. (Aparte.) Dios mió! 
Carlos. Absorto estoy! Es posible? 

Tan pronto dio usté al olvido 

sus palabras, mi promesa, 

los sofocados suspiros 



42 

que hoy, esta mañana, aquí, 
respondieron á los míos? 

SOFÍA. (Aparte.) 

Cuánto me ama! 
Carlos. Tiene usted 

el semblante conmovido! 

Acaso... 
Sofía. (Recobrándose.) Pues no? de asombro. 

Ya está claro el acertijo. 
Carlos. Sofía... 
Sofía. No pude nunca 

sospechar que un juego frivolo 

de palabras. .. cuatro frases 

de novela... sin sentido... 

dichas por matar el tiempo, 

le hagan perder á usté el tino 

hasta el punto de ofrecerme 

tan enorme sacrificio. 

Siento haber dado ocasión.,. 

Si yo lo hubiera sabido... 

Nunca me perdonaré 

mi lijereza. 
Carlos. Me admiro... 

Mas no: imposible! No quiero 

dar crédito á mis sentidos. 

Usted se burla, Sofía , 

ó quiere probar lo fino 

de mi amor. 
Sofía. No, por Dios santo, 

no dé usted en tal delirio. 

Lo que yo quiero es que admita 

tan ventajoso partido 

sin vacilar. Quiero verle 

á usted venturoso y rico. 
Carlos. Con que todo ha sido un sueño? 
Sofía. Pues, ya lo dije: un capítulo 

de novela que ofrecia 

ser ameno; pero, amigo, 

la realidad se interpuso 



45 

con su interés positivo 
de un millón y una futura, 
y aquí se acabó el capítulo. 
Carlos. Mi sangre hiela el asombro! 

Con que es decir que ha servido 
mi necio amor de juguete, 
de pasatiempo y ludibrio? 

. (Arrancándose del frac la rosa del acto primevo.) 

Adiós, pobre ñor, emblema 
harto significativo 
de mis cortas ilusiones, 
de mis burlados suspiros! 
Muere en el polvo marchita, 
y muera también contigo 
Ja memoria de una ingrata! 

(Arroja la flor.) 
SOFÍA. (Haciendo un ligero movimiento para detenerle, y eu el mismo mo- 
mento aparece Isabel.) 

Ah!... Isabel! A tiempo vino, 



ESCENA V. 

ISABEL —SOFÍA.— CARLOS. 



CARLOS. 

Isabel. 

Carlos. 
Isabel. 
Carlos. 



Isabel. 

Sofía. 

Carlos. 



(lomanJo el sombrero para retirarse y saludando ú Isabel.) 

Señora... 

Ya se va usté 
asi que me ha visto entrar? 
No quisiera incomodar. 
Si no hay mas razón... 

(Volviendo.) NO, Ú í'é. 

Y aun hablarla á usted queria, 
dándola cuenta de un paso... 
Sabe usté que al fin me caso? 
Me ha convencido Sofía. 
Mucho celebro... 
(Aparte.) Tan pronto! 

Todo bien considerado, 
la boda es un gran bocado; 



44 

no cimero pasar por tonto. 
Dirán que soy un veleta, 
fútil, que en nada me fundo; 
pero quién en este mundo 
al que dirán se sujeta? 
Si mi parecer varió 
dos veces en solo un dia, 
eso, qué importa? Sofía 
piensa lo mismo que yo; 
y mi razón inconstante 
de tal modo ha convencido, 
que rabio por ser marido, 
aunque mi futura espante. 



Isabel. 


No tal, que es bella. 


Carlos. 


Oh fortuna! 




Ya en mi mente la imagino. 




Alta, eh? * 


Isabel. 


Buen talle. 


Carlos. 


Divino! 




Y amable. 


Isabel. 


Como ninguna. 


Carlos. 


Oh, qué feliz voy á ser! 




Buena voz? 


Isabel. 


Cierto, extremada. 


Carlos. 


Oh gozo! Y bien educada? 


Isabel. 


Y con talento. 


Carlos. 


Oh fortuna! 




Dueño yo de tal tesoro, 




mi vida pasará on calma: 




tranquilo el pecho y el alma... 




Verá usté cuánto la adoro! 


Sofía. 


(Aparte.) Qué tormento! 


Carlos. 


Y yo perdia 




dicha tan pura y completa, 




por quién? por una coqueta 




que de mi amor se reia! 




Ciego para su desprecio, 




yo la adoraba rendido... 




Sofía me ha convencido 



45 

de que estaba haciendo el necio. 

ISABEL. (Aparte á Sofía.) 

Muy bien! 
Sofía. (Aparte & isabéi.) Cuánto sufro! 
Garlos. En íin, 

con mi ventara hago extremos... 
Isabel. Quiere usted que de esto hablemos 

paseando en el jardín? 
Carlos. Por qué no? En cualquier lugar... 

(Se dirige con Isabel hacia la puerta; pero se detiene al ver que Sofía 
permanece sentada . ) 

Pero y Sofía? no viene? 
Isabel. Está algo mala. 

GARLOS. (Acercándose vivamente a Sofía.) 

Qué tiene? 

ISABEL. (Desde el foro.) 

Necesita descansar. 

GARLOS. (Bajo á Sofía.) 

Sofía! 
Isabel. Iremos los dos. 

GARLOS. (Bajo á Sofía.) 

Ese llanto!... Me engañé? 

SOFÍA. (vivamente á Carlos.) 

Garlos, no se case usté... 
Y que me perdone Dios. 

CARLOS. (Con alegría.) Ah! 

( Carlos obedeciendo a una seña de Sofía, se reprime, y reuniéndose 
con Isabel que se iba acercando á ellos, se van por el fondo. Pausa.) 

Sofía. (sola.) ¿Qué hice? ¡Desventurada! 

Tan frágil era el cimiento 
de mi virtud? Ha un momento 
yo era una mujer honrada... 
y ya mi tesón rendido 
por este funesto amor.... 

(Mirando á la derecha y estremeciéndose.) 

Fernando ! Ale da rubor 
la vista de mi marido. 

(Se va precipitadamente por la deiecba.) 



46 
ESCENA VI. 

FERNANDO. -GASPAR 



Gaspar. 

Ferín. 

Gaspar. 

Fern. 

Gaspar. 



Fern. 
Gaspar. 



Fern. 
Gaspar. 



Fern. 



Nada! está determinado: 
quiero morir ó matar. 
Pero , querido Gaspar, 
estás loco rematado. 
Oh sentina de traiciones! 
Oh mujer, mujer, mujer! 
Pero , si no puede ser. 
Repito que ves visiones. 
Yo que era azúcar y miel 
para sus caprichos todos , 
que la amaba de mil modos, 
que siempre la he sido fiel!... 
Yo, que he sabido extinguir 
do mis pasiones la savia, 
para que ella en pago , oh rabia! 
me convierta en un!... 

Reir 
me harás al fin. 

Por qué no? 
Esa risa maliciosa 
siempre persigue y acosa 
á maridos... como yo. 
ftisa fatal , que en un tris 
pone al hombre mas pacato... 
No hay mas remedio: hoy me mato 
con ese chisgaravís. 
Pero, hombre , qué desatino!... 
Lo dicho: yo he de batirme. 
Di al fin si quieres servirme 
en el lance de padrino. 
Tu empeño en vano me asedia; 
pues aunque no fuera errada 
tu necia sospecha , nada 



47 

el escándalo remedia. 
La prudencia debe ser 
la que en tal caso nos rija 
y tan gran daño corrija. 
— Mas yo no puedo creer 
á mi prima tan liviana... 

GASPAR. (Que lia estado mirando por la ventana.) 

No? Tu ceguedad me admira. 

Mira , hombre obcecado , mira, 

mira por esa ventana! 
Fekn. Son ellos. 
Gaspar. Y en el jardín! 

Fern. Y hablan con mucho calor! 
Gaspar, (fui ¡oso.) 

Lo ves? me alegro! mejor! 

Dirás que sueño , verdugo? 
Fern. Y qué animados están! 
Gaspar. Parecen dama y galán 

de un drama de Víctor Hugo. 

Hombre vil! Mujer taimada! 

Terrible será la pena, 

Desde aquí os juzga y condena 

mi vengadora mirada. 

Quiero matarle al momento. 

Ven, sigúeme... 
Fern. Eh! poco a poco; 

que tú estas loco , y un loco 

hará , si le escuchan , ciento* 
Gaspar. Aun dudas? 
Fern. Sí , aunque me inquiete 

algo que en ellos advierto. 

Pero aquí vienen : lo cierto 

nos dirá ese gabinete. 
Gaspar. Medio gastado y mohoso. 

Escuchar tras de una puerta ! 
Fern. Siempre que la encuentre abierta, 

la aprovechará un celoso. 

Ya que de ese mal padeces... 
Gaspar. Y me negarás después?... 



Fern. Entra : verás como es 

más el ruido que las nueces. 

(Entránse en el gabinete.) 

ESCENA Vil. 

CARLOS.— ISABEL. 



Carlos. Ya Sofía no está aquí. 
Isabf.l. Siento que se haya marchado: 

le hubiera á usted condenado. 
Carlos. Paciencia ! yo soy así. 
Isabel. Hay hombre mas informal? 
Carlos. El dote me deslumhró; 

pero el aire libre heló 

mi entusiasmo conyugal. 

No hay ya razón ni dinero 

que me arranquen de mi tema. 

Vuelvo á mi antiguo sistema, 

y juro vivir soltero. 
Isabel. Eso no explica bastante... 
Carlos. Quizá otra razón me asista. 
Isabel. Y cuál es ? 
Carlos. Salta á la vista. 

Mi natural inconstante. 
Isabel. Que dirá usté , si yo atino 

con otra menos vulgar? 



Carlos. 


Será mucho adivinar. 


Isabel. 


Algo tengo de adivino. 


Carlos. 


Cuando á mí no se me alcanza. 


Isabel. 


Ahí verá usted. 


Cábeos. 


Es la razón ?. . . 


Isabel. 


Que de su antigua pasión 




aun no ha muerto la esperanza. 


Carlos. 


Já, já! donosa manía ! 




Bien puedo jurar á usted... 


Isabel. 


Ya. También adiviné 




que usted me lo negaría. 


Carlos. 


Está usted en un error 



49 

y por cierto bien extraño, ; 

me ha curado un desengaño 

que es el remedio mejor. 
Isabel. Pero antes fué usté querido. 
Carlos. Creí en sus palabras necio. 
Isabel. Mas del reciente desprecio... 
Carlos. Me vengo con el olvido. 
Isabel. Si con tal filosofía, 

no me quiere usté engañar, 

bien hace usté en no esperar 

en el amor de Sofía. 

CARLOS. (Sorprendido.) 

Usted sabe ! . . . 
Isabel. Nada ignoro; 

y es inútil añadir 

que yo siempre he de impedir 

cuanto ofenda á su decoro. 
Carlos. Excusadas prevenciones, 

ahora que ya indiferente 

ni inspira amor, ni lo siente. 
Isabel. Dejemos vanas razones. 

Cuando salimos de aquí, 

habló usted bajo á Sofía: 

qué le respondió? 
Carlos. A fé mia... 

Isabel. Por desgracia nada oí, 

pero es cosa averiguada, 

sin que negármelo baste, 

que su respuesta dio al traste 

con la boda proyectada. 

Me he equivocado ? 
Carlos. En verdad, 

ni aun comprendo ¡i usted. 
Isabel. Lo siento. 

Carlos. Mi falta de entendimiento... 
Isabel. Es falta de voluntad... 

Tal vez yo dé con el testo. 

Diria... ¿á ver?... « Si he fingido 

» indiferencia, he mentido... 



50 

»No se case usted. » No es esto ? 
Carlos. Puede usted , si es que le agrada, 

dar esa interpretación... 
Isabel. Eso, es una confesión? 

CARLOS. (Levantándose.) 

Esto es una retirada. 
Isabel. Que me deja vencedora. 
Carlos. Como usted guste. 
Isabel. Es notorio. 

Carlos. Basta de interrogatorio. 

A los pies de usted, señora, (se va por el fondo.) 

ESCENA VIII. 

FERNANDO.-GASPAR.— ISABEL. 



Gaspar. 


(Abriendo la puerta.) 




Ya se fué. Salgamos. 


Isabel. 


(Volviendo la cabeza.) Qllién? 




Fernando aquí? Santos cielos! 


Fern. 


(Sonriendo.) 




Yo mismo, querida prima. 


Gaspar. 


(Queriendo abrazar a Isabel.) 




Y yo que á tus brazos vuelo 




y á tus plantas... 


Isabel. 


Eli! ya basta. 


Gaspar, 


Ay! se me ha quitado un peso!.. 


Isabel. 


Habéis oido? 


Fern. 


Sí, todo. 


Isabel. 


Dios mió! (vivamente.) Mas tus recelos 




debes calmar, pues Sofía 




responde con el desprecio... 


Fern. 


Prima, repito que todo 




lo oí, y todo lo comprendo. 


Isabel. 


Infeliz! 


Gaspar. 


Pobre muchacho! 




Y yo que me pavoneo!.. 


Isabel. 


Oh! esa calma, esa sonrisa, 




Fernando, me causan miedo. 



51 
Fern. Y por qué? Yo estoy tranquilo. 

GASPAR. (Con gravedad cómica.) 

No te olvides de mi ejemplo. ' 
La prudencia en tales casos 
es el único remedio... 

Fern\ Gracias, Gaspar; pero yo 
no necesito el consejo. 
Aun la virtud en Sofía 
conserva su noble esfuerzo: 
lucha; pero vencerá 
si yo mi mano la tiendo. 
Por su resistencia es digna, 
no de castigo, de premio. 
Quien diga otra cosa, miente. 

Gaspar. Bien: no riñamos por eso. 

(Aparte.) 

Cáspita! es un gran filósofo. 

FERN. (Pensativo.) 

En cuanto á Garlos... Oh! siendo 

mi amigo!.. Pero hace al fin 

lo que todos los solteros. 
Gaspar. Trátale sin compasión, 

ponle en la calle al momento. 
Fern. No: mejor es que él se vaya 

y reconozca su yerro. 
Gaspar. Cómo! quieres?.. 
Fern. Humillarle, 

confundirle bajo el peso... 

En fin, yo tengo mi plan. 

Mas es fuerza lo primero, 

que Sofía ignore... 
Isabel, Nada 

sabrá, yo te lo prometo. 
Fern. Necesito hablarla; quieres, (a ¡sabe!.) 

decirla que aquí la espero? 
Isabel. Voy. 
Gaspar. Espérame, querida; 

que también los dos tenemos 

que hablar. 



Fern. 



Gaspar. 



Isabel. 
Gaspar. 



52 

Es justo, y de cosas 

Gracias al cielo. 

(A su mujer en el foro, señalando á Femando.) 

Qué calma! qué sangre fria 
en tan terrible momento! 
Aprende tú. 

Vamos, es 
un filósofo completo. 

(Vanse Isabel y Gaspar.) 



ESCENA IX. 

FERNANDO. 

Oh! ya estoy solo... ya puede 
salir al rostro el tormento 
que me despedaza el alma, 
que me consume aquí dentro. . 
Sofía!... no por mi honor, 
por tí estas lágrimas vierto. 
Mi honor, yo le salvaré: 
es también tuyo; es el nuestro, 
el nuestro, sí, única prenda 
que ya entre los dos tenemos. 
Pero... y su amor? In sen tato! 
le he perdido sin remedio! 
Terrible golpe, terrible! 
Adiós, ventura! Adiós, sueños 
dulcísimos, que me dabais 
en mis trabajos aliento! 
Por ella, por ella solo 
redoblaba mis esfuerzos: 
y el ardor de mis vigilias, 
y mis continuos desvelos, 
con verla feliz quedaban 
pagados y satisfechos. 
Sí, yo arrancaré la vida 
al que tanto mal me ha hecho. 



Mas... su vida miserable, 

qué me importa? Lo que anhelo 

es ese amor que me roba, 

que es mi existencia, mi aliento,,. 

Oh! sí, y se le arrancaré, 

lo necesito, lo quiero. 

Ea, valor!... Por qué un marido, 

á falsas leyes sujeto, 

ó ha de sufrir resignado 

ó ha de ensangrentar sus celos? 

Vanas quimeras del mundo! 

No es mi rival? pues luchemos. 

Sí, sí, cada vez me inspira 

mas confianza mi proyecto. 

O yo con mis beneficios 

confundo su atrevimiento, 

ó bajamente cobarde 

me ofende y disfruta de ellos; 

y en tal caso, que Sofía 

compare!... Oh! sí, nada temo. 

Si aun la virtud arde en ella, 

si aun conserva sus reflejos, 

volverá á amarme... no hay duda. 

Aquí está... voy á saberlo. 

ESCENA X. 

SOFÍA.— FERNANDO. 

Sofía. Me llamabas? 

Fern. Sí, querida. 

Voy á partir al momento. 
Supongo que habrás cuidado 
de que todo esté dispuesto. 

Sofía, Sí... la maleta... ya di 
mis órdenes. 

Fern. No hablo de eso. 

Tal vez me quede esta noche 
en Madrid... en fin, veremos. 



54 

Los primos tendrán corrientes 

las dos alcobas del centro. 

En cuanto á Carlos.., 
Sofía. (Aparte.) Qué escucho!, 

Fern. (.\parte.) Se turba, (aüo.) Le alojaremos 

en el piso alto. 
Sofía. (Turbada.) Imposible. 
Fern. Y por qué? pues no tenemos 

all i una alcoba vacante? 
Sofía. (ídem.) Sí; mas un joven soltero... 

estando tú ausente... no 

está bien visto... 
Fern. Durmiendo 

aquí los otros... 
Sofía. Con todo: 

no te empeñes... 
Fern. Sí me empeño. 

Es mi amigo, y por lo mismo 

parece que te has propuesto 

contrariarme... y ya es manía... 
Sofía. Será lo que quieras ; pero 

que no duerma aquí esta noche: 

te lo suplico... lo quiero. 

FERN. (Aparte con alegría.) 

Le teme ! aun puedo salvarla. 
(auo.) Yaya, no te irrites, bueno. 
La posada es excelente; 
y por una noche.... 

ESCENA XI. 

CARLOS.— SOFÍA.-FERNANDO. 

SOFÍA. (Aparte, viendo á Carlos.) Cielos ! 

CARLOS. (Aparte, deteniéndose en la puerta al ver A Femando.) 

Con su marido ! 
Fern. Hola, Carlos! 

Entre usted, querido. Tengo 
que ir á Madrid esta tarde; 



55 

pero en cambio pasaremos 

mañana juntos el dia 

como amigos verdaderos. 
Carlos. Con mucho gusto. 
Fern. La noche 

será algo mala: no hay medio 

de alojarle á usted aqui. 

Estas casas de los pueblos... 

tan mal dispuestas! 
Carlos. Qué importa? 

En la posada... 
Fern. Lo siento, 

porque le aprecio á usted mucho. (Le dá la mauo.) 
Sofía. (Aparte.) Oh ! por los dos me avergüenzo. 
Fern. (a Sofía.) Dónde vas? 
Sofía. Por si algo falta... 

Fern. Bien. Yo te sigo al momento, (vase sofia.) 

ESCENA XII. 

FERNANDO.— CARLOS. 

Fern. La posada es muy decente; 

pero con todo , yo siento 

que no haya aquí un aposento... 
Carlos. Así está perfectamente. 
Fern. Bien pobre hospitalidad 

es la que darle consigo: 

mas ya sabe usted , amigo, 

que es grande mi voluntad... 

Y que así y de cualquier modo 

siempre á servirle me ofrezco. 
Carlos, (confuso.) 

Mil gracias... Yo no merezco... 
Fern. Usted lo merece todo. 

El trato me ha descubierto 

en usté un joven cabal, 

amigo franco, leal... 

No es así ? 



56 

Carlos. Sin duda, cierto .. 

Feo. Usté hace en fin que yo ame 
de la amistad los encantos, 
hoy que en la boca de tantos 
es una mentira infame; 
y que irresistible sienta 
algo en mí que me convida 
á descubrirle la herida 
de un pesar que me atormenta. 

Carlos. Usté un pesar? 

FERN. (inspirando.) Y profundo. 

Mi alegría es un engaño, 
que nada tiene de extraño. 
Quién no finge en este mundo ? 
Yo , más que nadie , ocultar 
necesito mi tormento, 
pues de este dolor que siento 
se suele el mundo burlar; 
y su risa maliciosa 
persigue al pobre marido, 
que pena porque ha perdido 
el cariño de su esposa. 

Carlos. Cómo! Cree usted que Sofía?... 

Fern. A usted solo me confio.. 
Sí, su corazón del mió 
se aleja más cada dia... 

Carlos. Se aleja? 

Fern. Y la causa ignoro. 

CARLOS. (Con timidez.) 

Sospecha usted si otro amor? 
Fern. Sofía nunca á mi honor 

faltará ni á su decoro. 

Mas verla menos amante 

no es ya sobrado martirio? 
Carlos. Usted la ama? 
Fern. Con delirio; 

como en el primer instante; 

más aún; que hoy mi pasión 

es de mi vida el anhelo. 



57 

Por ella trabajo y velo, 
por ella tengo ambición; 
por ella el valor se encierra 
que me sostuvo hasta aquí: 
si ella se aparta de mí, 
todo me sobra en la tierra. 

Carlos. Quizá usted (Aparte.) (Qué le diré?) 
está sin causa creyendo... 

Fer>\ Ah! no: su amor voy perdiendo. 
Si yo supiera por qué! . . . 
Solo un medio se me alcanza: 
por eso á usted me confio: 
tiene usted, amigo mió, 
en sus manos mi esperanza. 

Carlos. Yo! cómo? 

Fern. Sí. (Aparte.) (La verdad 

así averiguar podré.) 
Sofía le aprecia á usté: 
conquiste su intimidad. 
Si es que en algo la ofendí... 
—es orgullosa; y yo infiero 
que se lo dirá primero 
á un amigo que no á mí. 

Carlos. Permita usted que me asombre; 
mas tan grave compromiso... 

Ffenif. Lo reclamo, si es preciso, 
de la amistad en el nombre. 
Para un alma bien nacida 
jamás este nombre es vano. 
En fin tiene usté en su mano 
mi felicidad, mi vida. 

Carlos. Pero... 

Fern. (Mirando el retó.) Es hora de salir, 
querido. Ya entre los dos 
nada hay reservado. Adiós. 

(Aparte. ) 

Puedo sin temor partir, (v¿se.) 



•"■ 



58 
ESCENA XIII. 

CARLOS. 

Angustiosa situación! 

Sofía es su amor, su bien... 

Pero yo la amo también, 

y no cede mi pasión. 

El amor no escucha nada: 

no hay para él amigo, hermano... 

Mas... cómo estrechar su mano? 

cómo arrostrar su mirada? 

Mentir siempre y engañar 

al que noble en mí confia! 

Oh! qué idea! El alma mia 

no la puede soportar. 

Hoy me indigna tal vileza; 

mas que aceptarla tendré, 

y al fin me acostumbraré 

a tan cobarde bajeza... 

Nunca!... no. Tan torpe dolo 

repugna á un hombre de honor. 

Ya no le queda á mi amor 

más que un recurso... uno solo. 

Si á seguirme se resigna 

Sofía... Sí: estoy resuelto. 



ESCENA XIV. 

GASPAR.— GARLOS. 

Gaspar. (Aparte.) 

Aquí está: ya no le suelto, 
cumplamos con la consigna. 

CARLOS. (Aparte cogiendo el sombrero.) 

Este importuno me acosa. 
Gaspar. Oh! aquí está usted , amiguito? 
Daremos un paseito: 



59 

la tarde está deliciosa. 
Carlos. Mil gracias: perdone usté. 
Estoy rendido , deshecho. 

(Se sienta maquinalmente junto a la mesa de juego, 
GASPAR. (Sentándose al otro lado de la mesa.) 

Ya!... usté prefiere... bien hecho, 
una mano de ecarte. 

(Dándole cartas.) 

Este juego es mis amores. 

CARLOS. (Levantándose sin hacerle caso.) 

Y Fernando? 

GASPAR. (Levantándose también, con las cartas en la mano.) 

Carlos. Se ha marchado 

dejándome encomendado 
que le haga á usled los honores. 

Gaspar. Ya ve usted: soy responsable 
si obsequiarle no consigo. 

CARLOS. (Bruscamente) 

Perderá usté el tiempo , amigo: 
tengo un humor detestable. 

(Se pasea por la escena.) 

Gaspar, (siguiéndole.) 

Oh ! para tales momentos... 
Carlos. (Aparte.) 

Qué haré para que se aleje? 
Gaspar. La amistad... 
Carlos, (con impaciencia.) Sin cumplimientos. 

Mejor es que usted me deje. 
Gaspar. Eso no : yo en ciertos puntos 

soy... 
Carlos. (Exasperado.) Un posma sempiterno! 
Gaspar. A dónde vá usté? 
Carlos. (Desde la puerta.) Al infierno ! 

GASPAR. (Corriendo tras él.) 

Aguarde usté: iremos juntos. 






FIN DEL ACTO SEGUNDO, 



ACTO TERCERO. 



La misma decoración. Es ele noche. 



ESCENA PRIMERA. 

SOFÍA, de pié.— GASPAR.— CARLOS.— ISABEL, sentadaen en el sofá. 



Gaspar. 


Soberbiamente he comido. 


Isabel. 


Como siempre. 


Gaspar. 


No. 


Isabel. 


Sí tal. 


Gaspar. 


Pues hay hombre más frugal? 




Mi comer es comedido. 


Isabel. 


Quién lo duda? 


Gaspar. 


Ya se vé: 




lo que es hoy, sí, lo confieso, 




ha habido un poco de exceso; 




pero en tomando café... 


Sofía. 


Ten CSa taza. (Alargándole una.) 


Gaspar. 


(Tomándola*) Agradezco, 




amable prima , el favor. 




Oh soberano licor! 




(A Carlos.) 




Perdone usted: no le ofrezco... 


Sofía. 


Tiene aquí. (Dando otra taza á Carlos.) 


Carlos. 


(Tomándola.) Gracias , señora. 


Gaspar. 


(Aparte.) Qué satisfechos están! 




Pensará este perillán 




que su secreto se ignora. 




(auo.) Pues, señor, bravo! Fumemos 



61 

( Ofreciendo un cigarro á Carlos.) 

Gusta usted? 
Carlos. Aun no. 

Gaspar. Por qué? 

Para cuando deja usté?... 

CARLOS . (Displicente.) 

Que no! 
Gaspar. Bien: no regañemos. 

Carlos. (Ap. * Sofía.) 

No hemos de hablar?... 
Sofía. (a p . ¡icarios.) Imposible. 

ISABEL. (Ap. ú Gaspar.) 

Quisiera á solas con ella. . . 
Gaspar. Bien: entiendo.. (u mismo & Isabel.) 

(Yéndose Lacia la ventana.) lístá muy bella 

la noche, muy apacible 

(Volviendo al proscenio.) 

Carlitos , por el desaire 

merece usted un castigo. 
Carlos. Cuál? 

Gaspar. El venirse conmigo... 

Carlos. Pena es. 
Gaspar. A tomar el aire. 

Carlos. Buena ocurrencia! Y qué fin?... 
Gaspar. Toma! Qué íin? Pasear, 

distraernos y gozar 

la frescura del jardín. 
Carlos. Gracias. 
Gaspar. Ya que usted no quiso 

que al infierno le siguiese, 

déjeme llevarle á ese 

verjel , que es un paraiso. 
Carlos. La luna se va á cubrir. 
Gaspar. La calle que va ala arqueta 

del estanque es bien escueta: 

por alli podemos ir. 
Carlos. Sí ; pero si no me engaño, 

no tiene el arca brocal, 

y es cosa que sienta mal 



62 





darse sin querer un baño. 


Gaspar. 


Cá! 


Carlos. 


Yo descansar prefiero. 


Gaspar. 


Estará dura la almohada. 




Al fin cama de posada..* ' - 


Carlos. 


(Apañe.) (Maldito hablador!) Espero 




que no. 


Gaspar. 


Tampoco propicio 




se muestra usted? (Aparte.) (Qué humor tiene!) 




Hombre, si á usted le conviene 




un poquito de ejercicio. 


Carlos. 


Mañana, sí. 


Gaspar. 


Vamos: ea! 


Carlos. 


Don Gaspar, es tuerte empeño... 



Y me ocurre... Oh halagüeño 





proyecto, sublime idea! 




Nos columpiaremos, sí: 




ah! columpiarse á la luna, 




es mucha... 


Carlos. 


Mucha tontuna. 


Gaspar . 


Pues yo no salgo de aquí 




sin usted. 


Carlos. 


(colérico.) Pues yo... 


Isabel. 


Silencio! 




Mover un pleito por nada! 


Gaspar. 


Sentencia tú. 


Isabel. 


Interesada 




soy. 


Gaspar. 


No importa. 


Isabel. 


Pues sentencio 




por crimen de rebeldía 




á Carlos... 


Carlos. 


A qué? 


Gaspar. 


Isabel, 




no tengas lástima de él. 


Isabel . 


A que te haga compañía. 


Gaspar. 


Vé usted? 


Carlos. 


(a Isabel con intención.) El aVÍSO aprecio. 




No estorbaré. (Dirigiéndose i la pneríajj 



65 



Gaspar. 


(a ellas.) AdíOS. 
(Ofreciendo i Carlos el brazo.) SlipÜCO... 
(Aparte.) 

Yo he de aburrir á este chico. 




Carlos. 


(Rechazándole y saliendo también.) 






(Yo voy á ahogar á este necio.) (Apa™ 


i.) 




(vánse los dos.) 






ESCENA II. 






SOFÍA.— ISABEL. 




Isabel. 


Sofía... 




Sofía. 


Isabel... 




Isabel. 


Tú sabes 
que Carlos se vuelve atrás, 
y ni pensar quiere más 
en boda? 




Sofía. 


Motivos graves 
tendrá, sin duda. 




Isabel. 


Si á té. 
Pero no te ha dicho?.. 




Sofía. 


Cuándo? 
Desde que partió Fernando, 
yo de tí no me aparté. 




Isabel. 


Y no te dijo antes nada? 




Sofía. 


A mí... no. 




Isabel. 


Ni le dijiste? 




Sofía. 


No. 




Isabel. 


Con que no? 




Sofía. 


Tú lo viste. 




Isabel. 


Ay! veo, desventurada, 
veo la fatal pendiente 
que á tu ruina te acelera. 
Sofía, á la compañera 
de su niñez, ya le miente! 




Sofía. 


Yo! 




Isabel. 


Para que el sí mudase 
Carlos al punto en el no, 





64 

es claro que alguien debió 
prohibirle que se case. 

Sofía. Pero... 

Isabel. Reserva y ardid 

conmigo ensayando vas: 
mañana los usarás 
con el que marchó á Madrid. 

Sofía. No más tormento me des 
cuando el pecho me devora 
mi dolor. 

Isabel, Si esto es ahora, 

qué será de tí después? 

Sofía. No puede el amor trocar 
en delicia mi dolor? 

Isabel. Solo da dicha el amor 
que se puede confesar: 
si á guardarle nos obliga 
preso cual víbora ingrata, 
á un descuido muerde y mata 
al mísero que la abriga: 
de tal amor, es demencia 
esperar mas que sonrojos 
y angustias, llanto en los ojos, 
y amargura en la conciencia. 
Yo lo sé. 

Sofía. Qué! Tú esta lucha 

probaste que me quebranta? 

Isabel. No fué con violencia tanta; 
pero sin embargo... Escucha. 

Sofía. Di. 

Isabel. Llamado por Gaspar, 

un muchacho, su sobrino, 
de allá de Manila vino 
á nuestra casa á parar. 
Gaspar, que con tal exceso 
teme que á su fé me roben, 
creyó que el dichoso joven 
no era de carne y de hueso. 
Con él entraba v salía 



65 

yo, y él me miraba estático: 
en fin, el sobrino asiático 
se enamoró de su tía. 

Sofía. Y tú, Isabel? 

Isabel. Lo que es yo 

á tiempo advertí con susto 
que le hablaba muy á gusto, 
cuando á mi marido no. 
Y él, el bendito varón, 
exclamaba cada instante: 
((Magnífico vigilante 
hice venir de Luzon! 
El es todo un buen pariente 
y tú no lo puedes ver: 
por eso le has de tener 
de guardián eternamente.» 
Tantas veces repitió 
la cansada letanía, 
que ya, de vergüenza, un dia 
la paciencia me faltó, 
y prorumpí: «No es el tal 
niño lo que tú imaginas: 
vuélvemele á Filipinas, 
que en Madrid se porta nial.» 

Sofía. Tal dijiste! 

Isabel. Yo irrité 

la celosa condición 
de Gaspar; con ocasión 
semejante, cuanto ve 
le amedrenta; pero mil 
veces más quise venderme, 
que engañarle y conocerme 
cónyuge pérfida y vil. 
Aprende, Sofía, y piensa 
que aunque afortunado el vicio 
se libre de otro suplicio, 
para este nunca l¿ay defensa: 
y según reconocí, 
prima, jurarje no dudo 



66 

que el tormento más agudo 
es despreciarse uno á sí. 



ESCENA III. 

CARLOS, que llega apresurado.— SOFÍA.— ISABEL. 

Carlos. Isabel!! 

Isabel. Quién. (Aparte.) Qué pesado! 

Sofía. (Aparte.) Carlos! A qué tiempo llega! 
Carlos. Su esposo de usted me ruega... 
Isabel. Estése usted á su lado, 

y entreténgale, por Dios. 
Carlos. Es que... 
Isabel. - No importa... 

Carlos. Es que ahora... 

Isabel. Bien... 
Carlos, Pero... 

Isabel. Si usted... 

Carlos. Señora, 

hablando á un tiempo los dos, 

cómo entendernos? 
Isabel. En íin... 

Carlos. En íin, oiga usted: su esposo 

que cual niño bullicioso 

triscaba por el jardín, 

se aproximó en un arranque 

de buen humor. . 
Isabel. Se ha caido? 

Carlos. Es igual: se ha zambullido 

en la arqueta del estanque... 
Isabel. Cómo! Y está?... 
Carlos. Hecho una sopa. 

Isabel. Ha perdido la chabela? 
Carlos. El quiere abrir la maleta 

para mudarse de ropa. 
Isabel. Ah! la llave... Al punto vuelvo, (váse.) 



67 



ESCENA IV. 



SOFÍA.— GARLOS. 



CARLOS. 

Sofía. 
Carlos. 
Sofía. 
Carlos. 



Sofía . 



Carlos. 



Sofía. 
Carlos. 



Gracias á Dios! Y aun quería 
que le luciese compañía! 
(Aparte.) Vacilo, y nada resuelvo. 
(Aparte ) Triste está. 

Garlos! 

Sofía! 
Usted llorosa! Qué miro? ' 
Qué es esto que llego á ver? 
Que no sé como respiro 
ya, porque en este retiro 
todos me hacen padecer. 
Ya adivinan lo que hablamos, 
ya saben que nos amamos, 
ya lo llegan á decir: 
es preciso que mintamos, 
y yo no acierto á mentir. 
Oh halagüeña simpatía, 
que descubro con encanto! 
En busca yo de Sofía, 
únicamente venia 
para decirle otro tanto. 
Mal disimulada está 
nuestra pasión por nosotros, 
y en cara nos la echan ya: 
Fernando por sí ó por otros 
á entenderla llegará. 
Él, bajo la fé de amigo, 
declarándose conmigo, 
de usted me dio quejas hoy. 
Él de mi? Perdida soy! 
Después de esto, cómo sigo 
á su lado, recibiendo 
su confianza fatal? 
Engaño tan criminal 



68 
más justo hará y más tremendo 
el encono de un rival. 



bOFIA. 

Carlos. 



Sofía, 



soy libre y tengo valor; 
pero á usted en su furor, 
á usted su poder alcanza: 
por usted es mi temor. 
Usted, sin que yo lo impida, 
la fama tiene vendida, 
en riesgo la libertad, 
la vida, que es de mi vida 
inseparable mitad. 



Fama! vida!.. . 




Y me sonrojo 




de tener á cada instante 




que forzar lengua y semblante 




á fingir; el franco arrojo 




le está mejor á un amante. 




Grave riesgo nos acosa; 




cualquier dilación nos daña: 




es ya la ocasión forzosa 


•i 


de huir de Yillaviciosa 


y despedirnos de España. 


• * 


La fuga!... Carlos, piedad!,.. 


,, : 



Qué será del desgraciado 
que fió de su amistad? 
Garlos. Y si usted queda á su lado, 
y averigua la verdad? 



Sofía. 
Carlos. 



Ay! no. 



En remotos 'extremos 
un asilo encontraremos» 
y en él sosiego profundo. 

Sofía. Con nosotros llevaremos 
la reprobación del mundo. 

Carlos. Ella el vinculo será 

que para siempre unirá 
la suerte de usted y niia: 
sola en el mundo Sofía, 
de mí necesitará. 



Sofía. 



Carlos. 



Sofía. 
Carlos . 

Sofía. 



Carlos. 



Sofía. 



Carlos. 
Sofía. 



Carlos. 
Sofía. 



69 

Pero, si yo me aventuro, 

si mancho mi nombre puro, 

si á la ignominia desciendo, 

valdrá nuestro bien futuro 

lo que el mal que estoy sintiendo? 

Injusta cavilación, 

que oigo con pona, y rechazo 

con amante indignación ! 

Diga sin tregua ni plazo 

si es mió ese corazón. 

Ingrato ! Ingrato ! 

Usted ama, 
y en huir no condesciende ! 
Amor los brazos me tiende; 
pero esta mansión me llama 
con voces que usted no entiende. 
En tribunal de un* tirano 
se ha de venir á trocar; 
mientras en pais lejano 
para usted mi amante mano 
labrara templo y altar. 
Elegir es menester 
entre el que anubla esos ojos 
con llanto de padecer, 
y yo que en tiernos despojos 
les rindo mi aliento y ser. 
O Fernando ó Carlos. 

Pida 
usted si quiere , mi vida: 
la daré sin dilación; 
pero esa fatal partida... 
Será nuestra salvación . 
Me mata el permanecer, 
Carlos; me mata el partir: 
quiero acabar de vivir; 
pero no puedo escoger 
la manera de morir. 
Usted rehusa... llorando ! 
No, no lloro, no ! Por Dios... 



70 

Carlos. Yo ya no obedezco; mando. 
Aquí volveré á las dos... 
y partiremos. 

SOFÍA. (Mirando á la puerta.) Fernando ! 

ESCENA V. 

ÍERNANDO, con un legajo de papeles debajo del brazo. 

SOFÍA— CARLOS. 



Fern. 

Carlos. 
Fern. 



Sofía. 

Fern. 

Sofía. 

Carlos. 

Fern. 



Sofía. 
Fern. 



Carlos. 



Fern. 

Carias 
Fern. 



El mismo. — Aquí estoy de vuelta. 
(Aparto.) Llegó el trance. 

Hado cruel ! 
Cirios ! Sofía ! Me alegro 
de hallaros. Al fin logré , 
la ocasión. — He andado listo... 

(Aparte.) Cíelos ! 

Y ya cayó el pez. 
(Aparto.) Ay de mí! 



Y bien. 



(Aparte. Observándolos.) 



Qué semblantes! 



(A Sofía , dándole una cajita.) 

Mas tú la primera... Ten... 

(Sobresaltada.) 

Ah! 

Para tí un aderezo 
de brillantes... para usted, 

(Entregando á Carlos un papel.) 

un destino : á eso aludía 
lo que dije cuando entré. 
El pez es una placita 
con sueldo de veintiséis. 

(Después de leer el papel.) 

(Aparte.) (Me protege cuando, 
pero... 

Vamos ; pero qué ? 
Me es imposible aceptar. 
Imposible? Qué ha de ser? 



,) Gracias; 



71 

Es muy fácil. 
Carlos. Yo... mi padre 

quizá...' 
Fern. Padre dirá amén; 

y si no , con cuatro letras 

que yo le escriba... 
Carlos. Tendré 

que declarar sin rebozo 

el inconveniente... 
Fern. A ver... 

Gaspar. Usted lo sabe. 
Fern. Yo?... Calla! 

Lo de los amores, eb? 
Carlos. Sí, señor. 
Fern. Pues es motivo! 

Carlos, No le hay de más interés 

para mí. 
Fern. Hombre, la oficina 

deja horas en que atender 

el amor; el caso debe 

pensarse con madurez. 
Carlos. Todo lo he pensado ya: 

cedo á la imperiosa ley 

de amor, y me voy de España 

para... para no volver. 
Fern. Ella lo exige? 
Sofía. (Aparte.) Dios mió! 
Carlos. Ella misma... 
Fern. Ya lo sé. 

Carlos. Y debe seguir mi suerte. 
Sofía. (Aparte.) Cielos! 
Fern. Ella huye!.., Pardiez 

que ese triunfo no parece 

de enamorado novel. 
Carlos. Yo soy... 
Fern. Un loco de atar. 

Ahí es una pequenez! 

Llenar de infamia á una pobre 

señora!... Yo no sé quién 



Sofía . 

Carlos. 

Fern. 



Sofía, 
Fern. 



Sofía. 
Carlos 
Fern. 



72 

será; sin embargo, apuesto, 
seguro de no perder, 
á que vale, aun ahora mismo, 
veinte veces más que usted. 
(Aparte.) Ay! Me mata! 

Yo no niego .. 
Pasagera languidez 
de alma y cuerpo, ociosidad, 
capricho y melindres, hé 
aquí los cuatro elementos 
que vendrán á componer 
lo que ella juzga pasión 
por sobra de candidez. 
Se imaginará olvidada 
de su marido, porque 
no la tratará el cuitado 
como en la luna de miel. 
Y él quizá la quiera mucho; 
pero si ella dá en creer 
lo contrario... mal va el pleito 
si está sobornado el juez. 
(Aparte.) Por mí lo dice: no hay duda. 
Oh! Si un espejo tan fiel 
como lo hay para el semblante, 
para el alma hubiese! cien 
engaños allí saldrían 
en toda su desnudez. — 
De improvisados amantes 
viérase entonces la fé... 
y el alma de algún esposo 
mostrárase allí también. 
(Aparte.) Qué tormento! 

En fin.,. 



Un fin, 



yo no debo defender 
á un hombre, que no hace nada 
para excusarse un revés. 
Por ustedes me intereso. 
Por usted y esa mujer, 



73 
que poseídos ahora 
de frenética embriaguez, 
no saben ni se figuran 
lo que les va á suceder. 

Sofía. Viviendo ¡untos entrambos... 

Fern. Y el dia en que os separéis? 

Carlos. Nunca llegará ese dia. 

Fern. No ha de llegar la vejez? 

no ha de alcanzaros el tedio? 
no han de haceros entender 
la conciencia y la razón 
sus voces alguna vez? 
La desgracia, que no guarda 
respeto al hombre de bien, 
retirará del culpado 
su cáliz de áspera hiél? 
Y heridos del infortunio, 
cómo dudar que exclaméis: 
«los cielos vengan al fin 
»á la virtud que ultraje?» 

Sofía. Ah! 

Carlos. Ya es tarde... 

Fern. Supongamos 

(y es bastante suponer) 
que usted y su incauta cómplice 
favorecidos se ven 
de la fortuna, y que viven 
en paz un año, dos, tres. 
Usted, si señor, quizá 
no tenga que apetecer; 
lo que es ella, aun en la cumhre 
del fausto y la esplendidez, 
aun ha de anhelar allí 
la joya de más valer 
para una dama, la eslima 
de las gentes de honradez, 
el envidiable derecho 
de poder decir quién es 
y asir en público un brazo 



74 

sin sentir fuego en la tez, 

Carlos. Eso... 

Fern. Estoy es la ley uatural, 

Carlos, y antes ó después 
ha de cumplirse: y entonces, 
por Dios, que será cruel 
para esa infeliz, los ojos : 
á lo pasado volver 
acordándose del hombre 
hoy en igual viudez, 
que un dia se entronizó 
bajo el conyugal dosel, 
de virginal azucena 
ceñida la pura sien. 
Otras atenciones, otro 
concepto gozó con él: 
pero aquello se acabó: 
podrá, besándole el pié, 
darle culto su galán; 
darle honra, no. Debe pues 
la triste, ó bien aceptar 
con procaz intrepidez 
su mengua, ó sufrir, sufrir 
y callar. 

Carlos. No: yo sabré... 

Fern. Si observa usted que suspira 
por quien logró su primer 
amor, no se ofenderá 
su juvenil altivez? 
Tendrá usted envidia, celos: 
principiarán el desden 
y el disgusto, vendrán luego 
las disputas en tropel, 
los lloros; se irá acercando 
con su escandaloso tren 
el rompimiento; y al fin, 
ella arrepentida, infiel 
usted, ambos enemigos, 
ambos con baja doblez 



75 

engañándose, olra fuga, 
más dolorosa que fué 
la primera, deshará 
la ya imposible estrechez. 
Lazo que el delito anuda, 
el odio le ha de romper. 

SOFÍA. (Aparto.) 

Oh! Qué horror! 
Fern. Tal es en toda 

su pompa y su brillantez 
la suerte próxima y cierta 
que se pueden prometer 
usted y su dama... Pero 
cuidado, que aun olvidé 
lo mejor. Si tiene hijos 
ella ya... Dios de Israel! 
Los echa menos? Entonces 
mucho llanto ha de verter. 
No los llora? Entonces, Carlos, 
qué corazón será aquel? 
Si usted la quiere de veras, 
qué diantre! quiera su bien. 
— Persuádele tú, Sofía; 
enséñale su deber. 
La elocuencia es en vosotras 
mas eficaz. Sálvale 
de ese abismo... Yo, por no 
tardar, vengo sin comer: 
con que así, voy... (conmovido.) Adiós, Garlos: 
adiós por última vez! , 

(Tomando el legajo de papeles y saliendo.) 
(Aparte.) 

Señor, mi honra os encomiendo. 
Qué mas he podido hacer? 



76 



ISCENA VI. 



SOFÍA.— CARLOS. 



CARLOS. 


Sofía... 


Sofía. 


Don Carlos, esto 




se acabó. 


Garlos. 


Queda acabado. 




No quiero ser humillado 




más , y parto. 


Sofía . 


Presto, presto. 


CARLOS. 


Adiós. 


Sofía. 


Para siempre. 


Carlos. 


Ah! 




Sí. 


Sofía. 


Sí. Qué culpables éramos! 


Carlos. 


Ojalá no nos hubiéramos 




visto nunca! 


Sofía. 


Ay! Ojalá! (vasc cario».) 




ESCENA VII. 



SOFÍA 



Justo cielo, en qué pensé 
cuando á mi esposo y á Garlos 
tan bien presumí juzgarlos, 
y tanto me equivoqué? 
Cómo rehusé por dueño 
yo con ceguedad siniestra 
á quién tan alto se muestra 
sobre quien es tan pequeño? 
Femando! Ay! Rotas aquellas 
antiguas, dulces lazadas, 
cómo sufrir tus miradas, 
y <*.ómo vivir sin ellas? 
Fernando! — Oh rubor! El es! 



ESCENA VIII. 

FERNANDO.— SOFÍA. 

FERN. (Con gravedad.) 

Se fué? 
Sofía. Para siempre! 

Fern. Acaba... 

Y la mujer de que hablaba? 
Sofía. Ella se arroja á tus pies! (póstrase.) 
Fern. ¡A mis pies! 
Sofú. No con mi lloro 

le muevas á compasión: 

indigna soy de perdón; 

castigo por gracia imploro. 
Fern. No, no! enjuga mis mejillas. 

Nada ante mí te avergüence. 

La virtud que lucha y vence, 

no debe estar de rodillas. (Levántala.) 
Sofía. Ayü! 

Fern. Abrázame, bien mió. (Abrázansc.) 

Sofía. Ay! 
Fern. Con qué derecho, di, 

podré quejarme de tí, 

y tú no de mi desvío? 

Quizá de mí nace el daño; 

no apuremos la materia: 

un mes anduviste seria; 

y yo indiferente un año. 

Metido allá en el belén 

de mis negocios, creía 

que mi esposa me querría 

con ser solo hombre de bien; 

mas no: veo que no es ripio 

en un marido el que amante 

sea, y celoso y galante, 

como era yo en un principio. 

Ya quiero ser lo que fui, 



78 

Sofía. Yo vuelvo desde hoy á amar 

como antes... 
Fern. A tu Pilar... 

Sofía. Y á tí sobre todo, a tí. (Abvázanse.) 

ESCENA ULTIMA. 
ISABEL.— GASPAR.— Dichos. 

Isabel. Bueno ! Bien ! Viva ! 
Sofía. Isabel. 

para todos reSUCito! (Abracándola.) 

IsabI'X. Me alegro, y te felicito... 
Gaspar. Ya se ha largado el doncel, 

eh? Voto á!... 
Fern. Pues qué querías ? 

Gaspar. Me echó el gran tuno en remojo... 
Fern. Hombre ! 
Gaspar. Pero si le cojo... 

Fren. No le verás en tus días, 

Gaspar. 
Gaspar. No? 

Sofía. No. 

Isabel. No! 

Gaspar, (a Femando.) Pero habla 

tú : qué ha sido esto? 
Fern. Ganar 

un partido de billar, 

solo con jugar por tabla. 
Gaspar. Eso es decir... 
Isabel, Que á favor 

del prudente pundonor 

y el benigno proceder, 

se conquista en la mujer... 
Fern. Fé, cariño... 
Sofía. Fterno amor. 



'79 

FERN. (El primer actor. Al público.) 

Esta comedia de tres, 
por encargo fabricada, 
señores , está sacada 
de otra en idioma francés 
Diferente á veces es, 
y á veces no es diferente: 
allá , un público indulgente 
la recibió con extremos; 
aquí , nos contentaremos 
con que pase... buenamente. 



FIN DE LA COMEDIA. 



Junta de censura de los Teatros del Reino. 
Madrid 28 efe Noviembre de 1850. 
Aprobada y devuélvase. 

Rafael Pérez Vento. 



Achaques de siglo actúa,. 

Un Hidalgo aragonés. 

Un Verdadero hombre de bien. 

La Esclava de su galán. 

Pecado y expiación. 

¡Fortuna te dé Dios, hijo! 

No se venga quien bien ama. 

La Estudiantina. 

La Escala de la Fortuna. 

Amor con amor se paga. 

Capas y sombreros. 

Ardides dobles de amor. 

El Buen Santiago. 

¡Ya es tarde! 

Un cuarto con dos alcobas. 

¡Lo que es el mundo! 

Todo se queda en casa. 

Desde Toledo á Madrid. 

El Rey de los Primos. 

La Caverna invisible. 

Quien bien te quiera te liará llorar. 

Marica-enreda. 

Flaquezas y Desengaños. 

La Amistad ó las tres épocas. 

El Diablo las carga. 



EN DOS ACTOS. 



Desdichas de Timoteo. 

La luna de miel. 

Un Ente como hay muchos. 

Cornelio Nepote. 

Los Pretendientes del dia. 

Los dos amores. 

Deudas del alma. 

Pipo , ó el Princ. de Montecresta, 

Las diez de la noche. 

El Congreso de Jitanos. 

El Preceptor y su mujer. 

La Ley "Sálica. 

Un Casamiento por hambre. 

Antes que todo el honor. 

¡Un Divorcio! 

La Hija del misterio. 

Las Cucas. 

Gerónimo el albañil. 

Maria y Felipe. 



EN UN ACTO. 

De fuera vendrá 

Juan e 1 Tornero. 

La doctora en travesuras. 

Un milagro del misterio. 

La Muía de mi doctor. 

A los pies de V., señora. 

Remedio para una quiebra. 

El sistema de Felipa. 

El sistema de Felipe. 

La mujer de dos maridos. 

Ladrón y Verdugo. 

La astucia rompe cerrojos. 

Un viaje alrededor de mi mujer. 

Un viaje alrededor de mi marido. 

El marido universal. 

Un Sentenciado á muerte. 

No se hizo la miel... 

Los Preciosos ridículos. 

Lo que al negro del sermón. 

La Union cario-polaca. 

Pepiya la aguardentera. 

¡¡Ingleses!! 

Un Fusil del Dos de mayo. 

Cuerdos y locos. 

Pst., Pst. 

Entre Scila y Caribdis. 

Al que no quiere caldo. 

Lz Piel del Diablo. 

Si buenas ínsulas me dan... 

El Perro rabioso. 

De qué? 

La Herencia de mi tia. 

La Capa de Josef. 

Alí Ben-Salé-Abul-Taríf. 

Los Apuros de un Guindilla. 

El Sacristán del Escorial. 

El Sol de la libertad, ha. 

Amarse y aborrecerse. 

Trece á la mesa. 

Dos Casamientos ocultos. 

Cinco pies y tres" pulgadas. 

A la Corte á pretender. 

Con el santo y la limosna. 

De Potencia á potencia. 

Las Avispas. 

El Aguador y el Misántropo. 

Acertar por carambola. 

El Rey por fuerza. 

Las Obras deQuevedo. 

Un Protector del bello sexo. 

No siempre lo bueno es bueno. 

Huyendo del peregil. 

El Chai verde. 



El on del cié 

La Esperanza déla Patria, lo» 
Alza y baja. 
Cero y van dos. 
Por poderes. 
Una Apuesta. 
¿Cuál de los tres es el tío? 
La Elección de un diputado 
La Banda de capitán. 
Por un loro! 
Simón Terranova. 
Las dos carteras. 
Malas tentaciones. 
Dos en uno. 

No hay que tentar al Diablo. 
Una Ensalada de pollos. 
Una Actriz. 
Dos á dos. 
El Tio Zaratán. 
Los Tres ramilletes. 
El Corazón de un bandido.. 
Treinta dias después. 
Cenar á tambor batiente. 
Las Jorobas. 

Los Dos amigos y el dote. 
Los Dos compadres. 
No mas secreto. 
Manolito Gazquez. 
Percances de un apellido. 
Clases pasivas. 
Infantes improvisados. 
Por amor y por dinero. 
Estrupicios por amor. 
Mi Media naranja. 
Un Ente singular! 
Juan el Perdió. 
De casta le viene al galgo. 
¡No hay felicidad completa! 
El Vizconde Bartolo. 
Otro Perro del hortelano. 
No hay chanzas con el amor. 
¡Un bofetón.... y soy dichosa 
El Premio de la virtud. 
Sombra , fantasma y muger. 
Cuerpo y sombra. 
Un Ángel tutelar. 
El Turrón deNoche-buena, 
La Casa deshabitada. 
Un Contrabando. 
El Retratista. 
Un Año en quince minutos. 
¡Un Cabello! 
Como usted quiera. 



ZARZUELAS CON SUS PARTITURAS Á TODA ORQUESTA 



Concha! 

Diego Corrientes. 

El Padre Cobos. 

Una Aventura en Marruecos. 

Haydé ó el secreto. 

El Tren de escala. 

Aventura de un cantante. 

La Estrella de Madrid. 

Don Simplicio Bobadüla. 

El Duende. 

El Duende, segunda parte. 

Las Señas del Archiduque. 

Colegialas y soldados. 



Tramoya. 

Gloria y peluca. 

Palo de ciego. 

Tribulaciones!! 

El Campamento. 

Por seguir á una muger. 

Buenas noches, señor don Simón. 

Misterios de bastidores. 

El Marido de la muger de D. Blas. 

Salvador y Salvadora. 

¡Diez mil duros! 

Los Dos Venturas. 

De este mundo al otro. 



El Sacristán de San Lorenzo 
El Alma en pena. 
La Flor del valle. 
La Hechicera. 
El Novio pasado por agua. 
La Venganza de Alifonso. 
El Suicidio de Rosa. 
La Pradera del canal. 
La Noche-buena. 
Una Tarde de toros. 
Partitura del Duende, para piano 
y canto. 



ADVERTENCIAS. 



Tomando toda la colección de la España dramática , se hace la rebaja 
de 50 por 100. 

Pidiendo ejemplares á la Dirección, que lleguen á 200 rs., se hace 
la rebaja de 20 por 100. 



El Círculo Literario Comercial se halla establecido en la calle de Lope de 
Vega, núm. 26.